lunes, 30 de mayo de 2011

La sociedad civil reclama poner las armas bajo control


En el mundo, una de cada diez personas tiene un arma. Y no la tiene de adorno: cada año, 747.000 personas son asesinadas y se fabrican 12.000 millones de balas, dos por cada habitante del planeta. Estas cifras provienen de la campaña Armas bajo control, que desde el 2003 lucha para que las Naciones Unidas firmen un tratado que legisle la fabricación y venta de armamento en todo el mundo. Algunos países ya tienen tratados de este tipo, pero si no existe ninguna ley a nivel global a menudo no sirven de mucho. España, por ejemplo, sexto clasificado entre los países exportadores de armas en 2008, tiene leyes que prohíben la venta de armas a países con conflictos armados pero no se esfuerza demasiado en cumplirlas, en parte por la presión del lobby armamentístico y en parte porque, como el resto de empresas, los fabricantes de armamento también amenazan con deslocalizar e irse a países con menos legislación si el gobierno les pone las cosas difíciles.
Esta campaña es un claro ejemplo de cómo la presión de la sociedad civil puede cambiar las cosas. En 2003, una serie de premios Nobel de la paz y organizaciones de todo el mundo lanzaron la idea, que tres años más tarde había conseguido el respaldo de un millón de personas. Con estas firmas bajo el brazo, los organizadores fueron a ver a Kofi Annan, entonces Secretario General de la ONU, para exigirle que hiciera alguna cosa. Esto pasaba en junio del 2006; en diciembre de ese año 153 estados votaron a favor de redactar un tratado sobre el control de armas que debe ser aprobado definitivamente en una asamblea en julio del 2012. Sólo un país votó en contra: los Estados Unidos. Si finalmente se aprueba, será la primera herramienta global para luchar contra este comercio asqueroso.
Si no lo has hecho todavía y quieres añadir tu nombre a esta campaña, sólo tienes que firmar aquí.

Fonts:

  1. Campaña Armas bajo control: www.controlarms.org/index.php?lang=es
  2. Ley española 53/2007 sobre el control del comercio exterior de armas: http://www.boe.es/boe/dias/2007/12/29/pdfs/A53670-53676.pdf 
  3. Informe conjunto de Intermón Oxfam, Amnistía Internacional, Fundació per la pau i Greenpeace sobre el cumplimiento de la ley 53/2007: http://www.intermonoxfam.org/UnidadesInformacion/anexos/11157/090930_contrainformeArmas09.pdf
  4. Documentos sobre el comercio de armas en el mundo y sus consecuencias: http://www.controlarms.org/indepth.php?lang=es
  5. Firma para tener las Armas bajo control: http://www.controlarms.org/join.php?lang=es

viernes, 20 de mayo de 2011

Cómo canalizar la rabia electoral


Siempre que se acercan unas elecciones, sean del tipo que sean, se repite el mismo fenómeno: buena parte de la población, con ganas de mostrar su rechazo hacia la clase política, busca alternativas a votar por un partido canalizando su rabia electoral hacia el voto en blanco, la abstención, el voto nulo o cualquier otra alternativa. Pero muchas veces este acto político (porqué no deja de ser un acto político por más que provenga del rechazo hacia las formaciones políticas convencionales) se hace sin entender exactamente lo que representa: ¿cómo lo hago?, ¿a quién beneficiará?, ¿cómo se contabilizará? Resumámoslo.

Voto en blanco. Se considera voto en blanco el sobre que no contiene nada en su interior o, en algunos casos (como en las elecciones al Senado español) la papeleta electoral que no ha sido marcada por el elector para escoger un candidato. En algunos países, como por ejemplo Colombia, en las papeletas electorales hay una casilla para votar en blanco. Si se introduce un trozo de papel en blanco en el sobre, en la mayoría de países se considera como un voto nulo, no como un voto en blanco. A diferencia de la abstención, que nunca se sabe si hay que contabilizarla como protesta o como desidia de alguien que prefiere ir a la playa, el voto en blanco se entiende siempre como un voto de protesta de un ciudadano que ha ido a votar pero que no se siente representado por ninguno de los partidos que se presentan. En cuanto a su utilidad, el voto en blanco se suma al total de votos del escrutinio, y a partir de esta cifra se hacen los cálculos para repartir los escaños. En la mayoría de sistemas electorales (como en el sistema D'Hondt, utilizado en España y en muchos otros países) hace falta un mínimo de votos para que un partido tenga representación (un 3% en España, un 10% en Turquía) y, por lo tanto, como que los votos en blanco aumentan el número de votos totales pero no el de votos destinados a un partido concreto, cuantos más votos en blanco haya más difícil lo tendrán los partidos pequeños para tener representación en la cámara. Por lo tanto, el voto en blanco acostumbra a favorecer a los partidos más grandes y a consolidar las mayorías.

Abstención. Para optar por esta opción solamente es necesario que no vayas a votar. La dificultad está en atribuir un motivo a esta abstención, ya que no queda constancia en ningún sitio: puede deberse a un boicot electoral o al desinterés por la política. En algunos países donde el voto es obligatorio, esta posición de protesta contra el sistema queda más clara, pero normalmente no es así. En muchos casos la abstención es lo suficientemente alta como para desbancar incluso a la principal fuerza política en número de votos, pero el peso de esta cifra desaparece al cabo de pocos días, puesto que los escaños se reparten por número de votos independientemente del porcentaje de población que haya votado. Es por esto que la abstención tiene poca importancia cuando hay que decidir la formación de un parlamento o la elección de un representante. Además, si tenemos en cuenta que a menudo la suma de los que se abstienen más los que votan a partidos de la oposición superan de largo a los votantes de la nueva mayoría, se considera que la abstención es una ocasión perdida de dar un voto de castigo al gobierno.

Voto nulo. El voto nulo es aquel que no cumple las reglas electorales establecidas, ya sea porque no permite saber cuál es la voluntad del elector o porque no se hace convenientemente. Se considera voto nulo todo aquel que no sea un voto destinado a un partido que se presente a las elecciones ni sea un voto en blanco. Aquí entran tanto los votos de los que se equivocan (poniendo dos papeletas dentro del sobre, por ejemplo) como los que lo hacen deliberadamente (introduciendo en el sobre un escrito, etc.). Los votos de protesta (introduciendo por ejemplo una papeleta destinada a un partido que no ha podido presentarse) son considerados nulos. En cuanto al reparto de escaños, el voto nulo cuenta igual que la abstención.

Voto a un partido insumiso. En algunas elecciones se presentan partidos que proponen dejar el escaño que ganen sin nadie que lo ocupe ni vote en ninguna decisión política o haga ningún discurso. El perfil de su votante es el ciudadano que se siente defraudado por la poca utilidad del voto en blanco o la abstención y busca una forma de hacer patente su descontento no solamente el día de la votación sino durante toda la legislatura. Esta opción no siempre es posible porque depende, naturalmente, de que algún partido insumiso se presente a los comicios. Un ejemplo de este tipo de partido en España son los Ciudadanos en blanco, que ha ido creciendo en los últimos años. Votar esta opción representa reducir el número de escaños de los partidos mayoritarios (en caso de ser elegidos). Aunque en la práctica su utilidad se ve limitada por el hecho que no ejercen en ninguna votación ni a favor ni en contra, y por lo tanto las proporciones del resto de partidos siguen siendo las mismas. En una cámara con 100 escaños, por ejemplo, la mayoría absoluta es de 51. Si hay 10 escaños insumisos los partidos grandes perderán 10 escaños y les será más difícil llegar a los 51 votos para tirar adelante alguna propuesta sin que nadie se pueda oponer, pero como en la práctica los escaños vacíos no votan en contra, la nueva mayoría absoluta será de 46 escaños (la mitad más 1 de los 90 escaños llenos). Así pues, en la práctica sólo sirve para denunciar en cada pleno la disconformidad de un grupo de votantes con el sistema tradicional de partidos cuando salen escaños vacíos en las imágenes y alguien recuerda a qué se deben.

Voto a un partido "no político". A parte de los partidos tradicionales (sean mayoritarios o no, tengan representación política o no) hay partidos que se presentan a las elecciones con la intención de recoger el voto de castigo de los ciudadanos descontentos sin tener ningún tipo de programa político. A menudo están formados por personajes famosos de la televisión, deportistas, humoristas, etc. En la práctica, en caso de ser escogidos probablemente tendrán un comportamiento parecido al de un escaño insumiso: ejercer la crítica del sistema político convirtiendo sus discursos en espectáculo. El problema es que, a diferencia de los escaños en blanco, estos sí que van, y ninguno de sus electores tiene ni idea de cuál es su ideología ni de qué votarán en cada caso, lo cual es bastante peligroso. Los partidos tradicionales, más o menos, todo el mundo sabe qué opinión tienen de cada tema (incluso cuando lo que piensan y hacen no tiene nada que ver con lo que expresan en su programa electoral). Este problema se da también con partidos que únicamente se posicionan en un tema concreto: a favor (o en contra) de la legalización de la marihuana, de las corridas de toros, etc. ¿Qué votarán en el resto de temas?

Todas estas opciones son absolutamente dignas como expresión de la queja hacia un sistema profundamente injusto. Naturalmente, aparte de estos caminos para canalizar la rabia electoral existe otro que acostumbra a ser mucho más efectivo: ir a votar y hacerlo por un partido que cambie las cosas. Es evidente que el sistema democrático que tenemos es muy insuficiente, que es muy poco participativo, que los mecanismos de control que los ciudadanos podemos ejercer sobre los cargos elegidos son muy débiles y fácilmente eludibles, pero también es verdad que no le hemos sacado todo el jugo que podemos sacar y que la forma más rápida y fácil de cambiar lo que no nos gusta es entrando y participando. La sanidad, la educación, las pensiones, las prestaciones de desempleo, la libertad de expresión, los derechos civiles o las leyes laborales que tenemos, por incompletas y mejorables que sean, las hemos conseguido gracias a este sistema, y menospreciar sus posibilidades es menospreciar el esfuerzo de generaciones y generaciones de personas que han luchado para obtener y consolidar lo que tenemos. Existen otras formas de cambiar el mundo, y muchas de ellas no pasan por la democracia representativa, pero no podemos obviar tan fácilmente esta posibilidad de cambiar las cosas.
Si votáramos por partidos con ganas de cambiar las cosas, si fuéramos a los plenos (que ahora están vacíos) y fiscalizáramos cada una de las acciones de nuestros representantes, si aprovecháramos los (tímidos y ocasionales) procesos participativos que se abren para decir lo que pensamos (ahora están prácticamente vacíos) y exigiéramos más, si nos informáramos con profundidad de todo lo que pasa a nuestro alrededor y nos creáramos una opinión razonada, las cosas podrían ser muy distintas. Indígnate, quéjate, manifiéstate y ve a votar.

Fuentes:

  1. Sistemas electorales: http://en.wikipedia.org/wiki/Voting_system
  2. La fórmula D'Hondt que se utiliza en muchos países para repartir los escaños en un sistema de representación proporcional de partidos: http://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_D%27Hondt
  3. Simulador electoral. Cálculo de resultados según el método D'Hondt: http://icon.cat/util/elecciones
  4. Países donde el voto es obligatorio: http://es.wikipedia.org/wiki/Sufragio_obligatorio
  5. European citizens for a ‘None Of The Above’ option: http://www.cevb.org/?lng=en
  6. Ciudadanos en blanco: http://www.ciudadanosenblanco.com/ 

domingo, 15 de mayo de 2011

Agua virtual

La idea que el agua es un bien finito y que hay que ahorrarla ha ido cuajando poco a poco en nuestras consciencias. A mucha gente le estremece ver un grifo que mana sin que nadie aproveche el agua o oír de alguien que se pasa una hora bajo la ducha, pero hace unos cuantos años esto no pasaba. En este sentido, hemos hecho un paso adelante. Pero si cada vez estamos más mentalizados con el ahorro de agua, ¿cómo puede ser que nuestro consumo no pare de crecer? La respuesta es sencilla: todavía no somos suficientemente conscientes de las muchas formas que tenemos de derrochar agua. Dicho de otro modo, existen muchas maneras de derrochar agua, además de dejar que se escape por el sumidero.
Si observamos un gráfico del consumo de agua a nivel mundial veremos que la parte que corresponde al consumo doméstico es my pequeña (menos del 10%) y que la mayor parte la utiliza la industria y sobre todo la agricultura. Es decir, que todo lo que hacemos para ahorrar agua en casa está muy bien, pero sólo es la punta del iceberg del agua que realmente derrochamos. A parte del agua que sale por el grifo existe lo que se conoce como agua virtual: el agua que se usa para producir un bien o un servicio pero que nosotros no llegamos a ver. Todo lo que se fabrica o se cultiva necesita agua para cada uno de los pasos de la cadena de producción i para su transporte, y aquí es donde verdaderamente gastamos millones de metros cúbicos de agua. Os daremos algunas cifras, pero para que sean más inteligibles en vez de darlas en metros cúbicos las daremos en "minutos de grifo abierto", lo que nos permitirá entender mucho mejor a lo que nos estamos refiriendo. Para hacerlo hemos tenido en cuenta que un grifo normal (sin ninguno de los muy recomendables aparatos ahorradores que se encuentran en el mercado) deja salir entre 12 y 16 litros por minuto, y por lo tanto nos hemos quedado con 14 litros por minuto de grifo abierto como medida estándar.
Y ahora, las cifras:
Para obtener 100 gramos de carne de ternera necesitamos 10 metros cúbicos de agua, o lo que es lo mismo, el equivalente a dejar durante 714 minutos (12 horas) un grifo de agua abierto; en cambio, solamente son necesarios 145 minutos de grifo abierto para obtener 100 gramos de arroz, 178 para producir 100 gramos de leche o 47 minutos de grifo abierto para 100 gramos de patatas.
Para fabricar el ordenador en el que estás leyendo este post han sido necesaria  el agua equivalente a 107 minutos de grifo abierto (1.500 litros).
En la fabricación de derivados del plástico también se usan grandes cantidades de agua: 6 minutos de grifo abierto para una botella de plástico de un litro o 18 minutos para una garrafa de 5 litros.
Para hacer unos pantalones vaqueros hace falta prácticamente el equivalente a 13 horas de grifo abierto, y casi 5 horas para hacer una camiseta de algodón.
Para un coche de 1.100 kg habría que dejar abierto el grifo durante casi tres semanas.
Finalmente, para hacer una casa el agua de un grifo debería manar durante prácticamente un año.
De todo esto podemos extraer dos conclusiones: la primera es que gran parte del agua que consumimos no llegamos a verla nunca; la segunda es que mucha de esta agua no proviene de fuentes cercanas (ríos, acuíferos subterráneos, etc.) sino del sitio donde se ha fabricado o cultivado el producto. Esto comporta que, en la práctica, muchos países ricos estemos "importando" grandes cantidades de agua del Tercer Mundo en forma de productos y que a menudo importemos esta agua de países con problemas de sequía. Todavía no somos bastante conscientes de la huella hídrica que produce nuestro consumo.

Fuentes:

  1. Porcentajes de consumo de agua en el mundo: http://www.intermonoxfam.org/es/page.asp?id=2379
  2. Agua virtual: http://en.wikipedia.org/wiki/Virtual_water
  3. Aparatos para ahorrar agua: http://www.agua-dulce.org/
  4. Los datos sobre el consumo de agua en la agricultura las hemos sacado del informe El estado del mundo 2004 publicado per el Worldwatch Institute: http://www.worldwatch.org/
  5. El agua necesaria para fabricar un ordenador: http://www.elpais.com/articulo/internet/fabricar/ordenador/lees/consumieron/1500/litros/agua/elpeputec/20070307elpepunet_4/Tes
  6. El agua necesaria para fabricar plástico: http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2008/645/1203807604.html
  7. Huella hídrica: http://www.huellahidrica.org/index.php?page=files/home

    domingo, 8 de mayo de 2011

    Ejecuciones extrajudiciales


    Actualmente en el mundo hay 58 países que todavía contemplan la pena de muerte en su legislación, aunque no todos la apliquen. Por otro lado, algunos estados practican lo que se conoce como ejecuciones extrajudiciales, es decir, el homicidio deliberado de una persona por parte de un servidor público sin que la víctima haya sido juzgada ni condenada por ningún tribunal. Este tipo de acción está considerada como una violación de los derechos humanos desde el punto de vista del derecho internacional humanitario, y la mayoría de estados democráticos la repudian en sus legislaciones. Pero una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace, como hemos podido ver esta semana con el asesinato de Osama bin Laden por parte del gobierno de los Estados Unidos. No es la primera vez que sucede, y seguramente no será la última, pero en este caso existe una diferencia importante con el resto de ejecuciones extrajudiciales que se han cometido hasta ahora: la aprobación incondicional de este asesinato por el resto de países democráticos y por la ONU.
    Si echamos un vistazo a algunos casos anteriores veremos que normalmente el resto de estados o condenan la acción (como en el caso del asesinato de algunos líderes antiapartheid en Sudáfrica), o la justifican apelando al derecho a defenderse de un estado contra aquellos que lo atacan (como en el caso de los asesinatos por parte del Mosad de los integrantes del grupo terrorista Septiembre Negro, que habían provocado la matanza de los juegos olímpicos de Múnich de 1972), o simplemente se quedan en silencio.
    Pero en esta ocasión la mayor parte de los aliados de EEUU han felicitado de forma oficial a Obama por el asesinato, como ha hecho el gobierno español desde el web de la Moncloa (no deja de ser curioso que, en un estado que tiene una ley que permite ilegalizar un partido por no condenar el terrorismo de forma suficientemente enérgica, el gobierno aplauda un acto terrorista como el de esta semana sin que esto tenga repercusiones judiciales). Incluso el Consejo de Seguridad de la ONU ha emitido un comunicado felicitando a los EEUU, aunque precisamente fue la ONU quien redactó, en noviembre de 1989, una declaración en la que se condenaba este tipo de acciones extrajudiciales.
    Durante los últimos días hemos podido oír argumentos de todo tipo defendiendo este asesinato, la mayoría de ellos basándose en la magnitud de la monstruosidad que perpetró bin Laden en las torres gemelas. Pero este nunca puede ser un argumento válido: los criminales, por malvados que sean, deben ser juzgados y encerrados, nunca asesinados. Si los estados empiezan a vengarse con acciones terroristas fuera del sistema judicial, ¿con qué autoridad moral podrán condenar más tarde a un ciudadano que haya asesinado, por ejemplo, a los asesinos de su familia? La historia de la civilización es una historia de la justicia contra la ley del Talión, contra la venganza.  

    Fuentes:
    1. Países con pena de muerte según Amnistía Internacional: http://www.amnesty.org/es/death-penalty/abolitionist-and-retentionist-countries
    2. El derecho internacional humanitario: http://www.acnur.org/secciones/index.php?viewCat=272
    3. Listado de algunos casos conocidos de ejecuciones extrajudiciales: http://en.wikipedia.org/wiki/Category:Extrajudicial_killings
    4. El apartheid en Sudáfrica: http://es.wikipedia.org/wiki/Apartheid
    5. La operación Cólera de Dios en la cual el Mosad cometió ejecuciones extrajudiciales: http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%B3lera_de_Dios
    6. Felicitación oficial del gobierno español al de los EEUU por el asesinato de bin Laden: http://www.lamoncloa.gob.es/ServiciosdePrensa/NotasPrensa/Gobierno/2011/020511DeclaracionGobiernoOsama.htm
    7. El Consejo de Seguridad de la ONU felicita a los EEUU: http://www.elpais.com/articulo/internacional/ONU/muerte/Bin/Laden/avance/crucial/elpepuint/20110503elpepuint_4/Tes
    8. Declaración 44/162 de la ONU (15 de noviembre de 1989) sobre los derechos humanos en la administración de justicia: http://www.un.org/spanish/documents/ga/res/44/list44.htm


    domingo, 1 de mayo de 2011

    Los reyes son los padres... ¿de quién?


    Existen tantos argumentos en contra de la monarquía y son todos tan evidentes que cuesta entender cómo puede haber gente que todavía esté a favor (exceptuando a los miembros de las casas reales, naturalmente). Una posible explicación de este fenómeno es la que daba el periodista Rafael Ramos hace unos años en un artículo sobre la boda del príncipe Carlos de Inglaterra y Camilla Parker Bowles: "Las monarquías europeas se sustentan en tres pilares tradicionales: la aureola de misterio, la espiritualidad y la inevitabilidad institucional". A estas tres patas podríamos añadir una cuarta: representan la unidad nacional, son un símbolo del país que gobiernan, un estereotipo del ciudadano medio con todos sus tópicos (positivos y negativos). Y es que, desde siempre, muchos de los estereotipos de un país han traspasado las fronteras gracias al monarca; la reina Isabel de Inglaterra, por ejemplo, representa para muchos extranjeros la flema británica y todos los tópicos (a menudo absurdos) que tenemos sobre los habitantes de la isla: es la más inglesa de todos los ingleses, del mismo modo que el rey Juan Carlos es el más español de todos los españoles.
    Lo cual es sorprendente si echamos un vistazo a sus árboles genealógicos.
    La reina Isabel II de Inglaterra, por ejemplo, pertenece a la casa de Windsor, un nombre absolutamente inglés. Pero el nombre no es muy antiguo: proviene de la época de la Primera Guerra Mundial, cuando el rey Jorge V, abuelo de la actual reina, cambió el nombre de la familia (casa de Sachsen-Coburg y Gotha) por el de Windsor. ¿Por qué? Porque sonaba demasiado alemán, y la Primera Guerra Mundial no era el mejor momento para que el nombre de la familia real británica sonara alemán. ¿Y por qué sonaba alemán? Pues, sencillamente, porque eran una familia alemana, formada de la unión de la casa de Sachsen-Coburg y Gotha con la de Hannover. Por lo tanto, los reyes y reinas ingleses son alemanes.
    Con la casa real española pasa una cosa parecida: los Borbones son una familia francesa (Felipe V era nieto de Luís XIV, el rey Sol francés) que habían sustituido a la anterior familia real, que tampoco era española sino austríaca. Pero no solo eso: si nos fijamos en los abuelos de Juan Carlos I veremos que no son precisamente de Murcia: Alfonso XIII (Borbón), Victoria Eugenia de Battenberg (de una familia alemana que vivía en Inglaterra), Carlos de Borbón-Dos Sicilias (emparentado con los Austria, los Borbón y la casa de Sajonia, entre otros) y Luisa de Orleans (francesa).
    Los reyes de Suecia pertenecen a la casa de Bernadotte, fundada por el mariscal napoleónico (francés, por lo tanto) Jean Baptiste Bernadotte, que sucedió al rey Carlos XIII de Suecia en 1818 cuando éste murió sin descendencia.
    En el caso de Noruega, sólo hay que ver quiénes son los abuelos del rey Harald V, el actual rey: Maud de Gales, Carlos de Suecia, Ingeborg de Dinamarca y Haakon VII (este si de Noruega, pero hijo del rey de Dinamarca y la princesa de Suecia).
    En Bélgica reina la casa de Wettin, una familia de monarcas alemanes de Sajonia; la reina Beatriz I de Holanda tiene 3 de los 4 abuelos alemanes; con la reina Margarita II de Dinamarca basta con leer su nombre completo para entender sus orígenes: Margrethe de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glüksburg y Bernadotte; podríamos seguir con los principados o con las casas reales de los países que actualmente tienen sistemas republicanos (Francia, Italia, Portugal, Grecia, Bulgaria, etc.), pero ya tenemos ejemplos más que suficientes.
    Es curioso que, en una Europa en la que buena parte de sus ciudadanos consideran que alguien que sea nieto de marroquíes (o turcos, o senegaleses) seguirá siendo marroquí aunque nunca haya visitado Marruecos y que ni siquiera sus padres hayan vivido allí, tengamos una vara de medir tan distinta con nuestros monarcas, a los que consideramos los representantes más autóctonos del país.