domingo, 30 de octubre de 2011

El ciberactivismo y la Twitter revolution


Durante la serie de revueltas en los países del Magreb y Oriente medio que empezó con la inmolación de Mohamed Bouazizi en Túnez en diciembre de 2010 y que conocemos como la Primavera Árabe, las nuevas tecnologías tuvieron un papel fundamental. Los historiadores del futuro juzgarán cuál fue exactamente este papel y si fue determinante o no, pero en todo caso es evidente que buena parte de las movilizaciones se canalizaron a través de Twitter, Facebook y los blogs personales de un montón de activistas. No era la primera vez, ni mucho menos, que Internet, las redes sociales y los teléfonos móviles aparecen en las manifestaciones populares: ya habían aparecido durante las revueltas del 2009 posteriores a las elecciones presidenciales en Irán o las elecciones parlamentarias de Moldavia, durante las revueltas del mismo año en Sinkiang, en el oeste de China o incluso, por poner un caso más cercano, durante las manifestaciones de indignación contra la manipulación informativa posterior a los atentados del 2004 en Madrid, que fueron convocadas y seguidas por sms y que, sin este canal de comunicación, probablemente no habrían tenido tanta importancia. Pero ha sido durante las revueltas árabes que la sociedad ha tomado conciencia del papel fundamental que pueden jugar estas herramientas en el mundo del activismo.
Entre los teóricos del tema no hay consenso sobre si realmente estas herramientas juegan un papel tan importante como dicen los ciberutópicos o por el contrario, como sostienen los ciberescépticos, todo esto se ha magnificado mucho. Es un debate que durará años y que dará de comer a los sociólogos y politólogos del futuro. Pero una cosa sí que está clara: las nuevas tecnologías cada vez están más presentes en los movimientos sociales y tienen un papel más activo en cualquier tipo de activismo.
Y no sólo en los grandes acontecimientos históricos (lo que el profesor Evgeny Morozov, uno de los ciberescépticos más influyentes, bautizó como "revueltas Twitter" en un famoso artículo en su blog). En el mundo hay miles de ciberactivistas que usan las herramientas informáticas para hacer llegar su mensaje, coordinar campañas o, simplemente, mantenerse en contacto con otros activistas. Este tipo de activistas existen en todas partes, pero donde toman más importancia es en los países donde la represión contra la libertad de expresión es mayor y donde los derechos democráticos están más cuestionados. Cuando el ejército o la policía impiden a los manifestantes salir a la calle, siempre les queda la otra plaza pública: Internet. Un ejemplo muy claro es el de Arabia Saudí, donde la mayor parte de bloggers son mujeres que no tienen otra forma para expresarse, como se lee en un informe de Reporteros Sin Fronteras (RSF). Naturalmente, la represión contra los ciberactivistas, aunque a menudo son más difíciles de cazar que los activistas "analógicos", también es cada vez mayor. Según las estimaciones de RSF, en lo que llevamos de año 123 ciberactivistas han sido encarcelados, 70 de los cuales en China. El siguiente país con más internautas presos es Irán con 20, seguido de Vietnam con 17 y Siria con 4. El crecimiento del ciberactivismo (y de la represión) puede verse claramente en este dato: 109 internautas fueron encarcelados en 2010 contra los 123 de este año, y en 2009 fueron 83, 58 en 2008, 50 en 2007... Crece la fuerza del ciberactivismo y también la censura y la represión. Las autoridades saudís, por ejemplo, admiten tener bloqueadas 400.000 páginas web, entre las cuales hay muchas plataformas de blogs. China tiene un ejército de 40.000 censores que se dedican a rastrear la red buscando cualquier acto de disidencia para bloquearlo. En el mundo, uno de cada tres internautas no tiene acceso libre a la red, según datos de RSF.
Pero Internet es un campo muy grande y muy difícil de vallar, y por eso los censores, cada vez más, prefieren manipular los contenidos que simplemente cortar la conexión o bloquear una web. Muchos gobiernos tienen equipos de agentes que se dedican a enterrar los mensajes negativos contra el régimen que hay en la red con miles de mensajes positivos presumiblemente escritos por otros ciudadanos. Probablemente, este será el camino de la censura y la represión en el futuro, porque ha quedado claro que la censura pura y dura es ineficiente: los ciberactivistas siempre encontrarán un agujero para colarse. Si os interesa lo que se cuece en el mundo, buscad en blogs y redes sociales. Y para empezar, podéis echar un vistazo a nuestro Twitter!

Fuentes:

  1. La primavera árabe: http://www.alianzaeditorial.es/cgigeneral/newFichaProducto.pl?obrcod=2907372&id_sello_editorial_web=34&id_sello_VisualizarDatos=34
  2. Una buena manera de introducirse en la blogosfera de los países del Magreb y Oriente medio es el blog de la periodista Lali Sandiumenge Guerreros del Teclado: http://sajafia.blogspot.com (del (2007 a la Primavera Árabe) y http://blogs.lavanguardia.com/guerreros-del-teclado/ (los últimos meses)
  3. El debate entre ciberutópicos y ciberescépticos: http://www.lanacion.com.ar/1356884-ciberutopicos-v-ciberescepticos
  4. El post sobre la revuelta en Moldavia en el que se acuñó el término "revuelta twitter": http://neteffect.foreignpolicy.com/posts/2009/04/07/moldovas_twitter_revolution
  5. Informe Enemigos de Internet 2011 de Reporteros Sin Fronteras (RSF): files.rsf-es.org/200000877-dcb20ddac0/RSF_ENEMIGOS_DE_INTERNET_2011.pdf
  6. El barómetro de la libertad de prensa 2011 de RSF: http://es.rsf.org/
  7. Un artículo de Dando datos sobre la censura en Internet: http://www.dandodatos.com/2010/10/la-censura-en-internet.html
  8. Artículo en el periódico Liberation (21/08/2011) sobre la censura en Internet en China: http://www.liberation.fr/monde/01012357064-pekin-s-acharne-contre-les-microblogs
  9. El Twitter de Dando datos:  https://twitter.com/#!/DandoDatos
  10. Artículo de Manuel Castells sobre las implicaciones políticas de estos movimientos:  http://www.lavanguardia.com/politica/20111022/54234096793/movimiento-y-politica.html
 
 
 
 

domingo, 23 de octubre de 2011

Pagando por contaminar


Desde que empezó la revolución industrial hace más de dos siglos las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera no han parado de aumentar. Sabemos que estos gases (el CO2, el metano, el óxido nitroso o los famosos CFC que destruyen la capa de ozono) son los principales responsables del calentamiento global, y que si no encontramos una solución rápido sufriremos un cambio climático irreversible que puede ser absolutamente destructivo para la vida en nuestro planeta. También sabemos que el gas que más contribuye al efecto invernadero (por el volumen de gas que emitimos, no porque sea el más nocivo) es el CO2, y que las emisiones se deben, sobre todo, a la quema de combustibles fósiles. Existen otras causas como la deforestación (que libera grandes cantidades de CO2 y destruye los árboles que lo podrían reabsorber), pero la quema de petróleo, carbón y gas es la causa principal.
Si sabemos todo esto, ¿por qué no lo arreglamos? Con esta idea en la cabeza, en 1997 la ONU auspició el Convenio internacional para la prevención del cambio climático, que acabó aprobando lo que conocemos como Protocolo de Kioto. El objetivo de este tratado internacional es que los países industrializados reduzcan sus emisiones un 8% por debajo del volumen que emitían en 1990, una cifra no muy ambiciosa pero suficiente como plan de choque contra el calentamiento global. La historia de la ratificación del Protocolo de Kioto es muy compleja, porque hacía falta que lo firmaran los países responsables de como mínimo el 55% de las emisiones para que se convirtiera en un tratado internacional de obligado cumplimiento, y ante la negativa de los EEUU y de Rusia a ratificarlo las negociaciones fueron muy largas. Finalmente, en 2005 Rusia firmó y llegamos al 55% necesario, aunque a cambio la UE se comprometió a financiar la reconversión industrial rusa y la modernización de sus plantas petrolíferas. En las negociaciones de tratados internacionales nadie firma nada si no saca algo a cambio. Los EEUU, por otra parte, todavía no lo han firmado.
El problema es que, ahora que el Protocolo de Kioto ha entrado en vigor, ha quedado claro que es una herramienta que no sirve para mucho. El tratado está muy bien pero, como siempre que se firma algo, hay que ir con cuidado con la letra pequeña. Y en la letra pequeña del Protocolo de Kioto hay una cláusula que habla de "mecanismos de flexibilidad" y que es la culpable de que la cosa no funcione.
Lo resumiremos: el tratado fija las emisiones de CO2 que cada país puede emitir cada año. Como los efectos de la contaminación son globales y no importa dónde se contamine porque todo va a parar al mismo sitio, se pensó que sería una buena idea convertir los derechos de emisión de cada país en cuotas de CO2 que se pudieran comprar y vender, de modo que si un país tiene una cuota más alta de lo que realmente necesita pueda vender lo que le sobra a otro país que haya sobrepasado su límite. O sea, que como yo tengo mucha hambre y tú no te has terminado tu pedazo de tarta, me como el mío, te compro una parte del tuyo y todos contentos. Como que los países más ricos tienen más industria y por lo tanto les costaría más reducir las emisiones, gracias a este mecanismo pueden comprar cuotas a los países pobres, con mucha menos industria, y entre todos contaminamos lo que está asignado en el tratado. Además, el dinero que se pague por estas cuotas de CO2 deberá usarse para implantar tecnologías limpias en los países en vías de desarrollo, que así "crecerán sanos" y sin contaminar. Todo esto ayudaría a reducir el total de nuestras emisiones beneficiando a todo el mundo: a los ricos porque no deben reducir su producción y a los pobres porque tienen dinero para implantar energías limpias. Sobre el papel no parece mala idea. Pero en la práctica es muy distinto.
En primer lugar, estos mecanismos de flexibilidad han servido para que los países del norte sigan contaminando tanto o más que antes, con la única diferencia que ahora deben pagar un poco. Pero sigue saliendo muy barato, porque el dinero que pagan se destina a proyectos en los países del sur que, curiosamente, se encargan a las mismas empresas transnacionales que contaminan y pagan en el norte. O sea que, de momento, todo queda en casa. En los países ricos se contamina lo mismo, muy por encima de las cuotas exigidas, pero como se compran las cuotas de otros países todo queda legitimado y nadie puede quejarse: hemos cumplido con el Protocolo de Kioto. En los países pobres las cosas tampoco van demasiado bien, porque muchos de los proyectos aparentemente limpios siguen teniendo combustibles fósiles como base y, por lo tanto, contaminan más que antes. Y encima la mayor parte los llevan a cabo empresas extranjeras que se llevan los beneficios y no los reinvierten en el país. Al final, en el conjunto del planeta las emisiones aumentan cada año, pero todo el mundo tiene la conciencia tranquila. Y no sólo no disminuyen las emisiones de CO2 sino que aumenta la desigualdad entre países ricos y países pobres y aparece un nuevo mercado para especular: el de la compraventa de derechos de emisión. Es lo que ya se conoce como colonialismo del carbono.
Un ejemplo: en mayo de 2011 España ya había gastado su cuota anual de derechos de emisión de CO2. Como no podía dejar de emitir gases ni se había hecho absolutamente nada para reducir las emisiones, nos limitamos a comprar derechos de emisión a Senegal y a seguir contaminando.
Y una pequeña anécdota: uno de los principales impulsores de estos mecanismos de flexibilidad (y el que presionó a la UE para que los aprobara) fue un exvicepresidente de los EEUU reconvertido en activista ambiental: Al Gore. ¿Curioso, no?
Una vez llegados hasta aquí, la pregunta es inevitable: ¿ha servido de algo, el Protocolo de Kioto? La respuesta que más me gusta es la que aparece en un artículo de Gwyn Prins y Steve Rayner aparecido en la revista Nature: "El Protocolo de Kioto es importante simbólicamente como expresión de la preocupación de los gobiernos por el cambio climático, pero como instrumento para reducir las emisiones ha fracasado".

Algunos datos sobre las emisiones de CO2 en el mundo:

No hay acuerdo para saber qué país es el que emite más CO2 en la atmósfera, pero en todas las listas las dos primeras posiciones se las disputan los EEUU y China (a veces gana uno, a veces el otro). En tercer lugar siempre está la Unión Europea, aunque si lo que contamos no son las emisiones totales de un país sino las emisiones per cápita, la UE pasa al puesto número 10, China al 19 y los primeros puestos son para los EEUU, Australia y Canadá. En cualquier caso, la lista de los países más contaminantes siempre tiene los mismos nombres en distinto orden: los países más industrializados y algunos de los grandes gigantes emergentes como China, Brasil, Rusia, Irán o Turquía.
La contaminación por emisión de CO2 es cosa de los más grandes: los 10 países que más contaminan emiten el 67,07% del total. España (47 millones de habitantes) emite 30 veces más CO2 que Kenia (41 millones) y 175 veces más que la República Democrática del Congo (70 millones).

Fuentes:

  1. El texto del Protocolo de Kioto: http://unfccc.int/resource/docs/convkp/kpspan.pdf
  2. Sobre el "colonialismo del carbono": http://www.carbontradewatch.org/in-the-media-castellano/el-comercio-del-co2-es-una-nueva-forma-de-colonialismo.html
  3. El artículo de Gwyn Prins y Steve Rayner en la revista Nature sobre los resultados del Protocolo de Kioto: http://www.nature.com/nature/journal/v449/n7165/full/449973a.html
  4. Listado de emisiones de CO2 por países: http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses_por_emisiones_de_di%C3%B3xido_de_carbono
  5. Emisiones de CO2 per cápita: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/c/c4/CO2_emission_2002.png

 
 
 
 

lunes, 17 de octubre de 2011

Erradiquemos la pobreza (aunque sea por egoismo)

Existen muchas razones por las cuales uno puede querer erradicar la pobreza. La principal es que la pobreza es la injusticia más importante de nuestro tiempo, y la lucha contra la injusticia es (o debería ser) uno de los principales objetivos de nuestros actos. Pero es evidente que hay quien no tiene ningún interés en acabar con la pobreza, sea porque considera que todos tenemos las mismas oportunidades y que quien es pobre es porque no las sabe aprovechar (que aunque sea un argumento estúpido está mucho más extendido de lo que parece) o porque, aunque considere que es una injusticia, prefiere seguir así y sacar el máximo partido a la situación.
Contra esto hay un argumento definitivo: eliminar la pobreza es la mejor forma de aumentar el bienestar y la calidad de vida de una sociedad, incluidas sus capas más ricas. O sea, que incluso los que más se benefician de la existencia de la pobreza se beneficiarían de su erradicación. En la lucha contra la pobreza todo el mundo sale ganando.
Este es el principal argumento del libro Desigualdad: un análisis de la (in)felicidad colectiva escrito por el economista Richard Wilkinson y la antropóloga Kate Pickett. El razonamiento que plantea este interesantísimo libro es el siguiente:
 Hay una serie de problemas sociales y de salud que afectan especialmente a los más pobres y que, por lo tanto, están más extendidos en los países del Tercer Mundo que en los países ricos: mala salud, violencia, enfermedades mentales, adicción al alcohol y las drogas, esperanza de vida baja, mortalidad alta, obesidad, madres adolescentes, bajo rendimiento escolar en niños, incremento de los homicidios, tasa de población reclusa alta y poca movilidad social. Estos problemas son más graves en las sociedades más pobres, y si comparamos El Salvador con Francia, por ejemplo, o Nigeria con Suiza, veremos claramente de qué hablamos.
Hasta aquí lo que ya sabíamos. Lo que han descubierto estos investigadores es que entre los países ricos estos problemas no disminuyen a medida que aumenta la riqueza: donde se vive mejor es en los países que tienen menos desigualdades. Para entenderlo, miremos este gráfico donde aparecen los países más ricos del mundo (algunos países de Europa, Canadá, EEUU, Japón, Australia y Nueva Zelanda):
    


En el eje vertical hay un índice elaborado a partir de los problemas sociales y de salud que hemos listado más arriba con datos sacados de la OMS, la ONU, la OCDE, la UNICEF y agencias estatales de cada país. Cuanto más arriba está, más problemas tiene un país. En el eje horizontal está la desigualdad en la renta de los ciudadanos: cuanto más a la derecha, más desigualdad existe entre las rentas de los habitantes de un país. Como puede verse, los países en los que las rentas son más desiguales (los ricos son más ricos y los pobres más pobres) tienen más problemas. Y estos problemas no sólo afectan las capas bajas: si sacamos de la ecuación a los más pobres del país, el gráfico sigue siendo el mismo: entre los ricos de los EEUU, por ejemplo, hay más problemas que en Finlandia.
Resumiendo: en los países con más desigualdad incluso los ricos tienen una esperanza de vida más corta, peor salud, más violencia, más adicciones y, en definitiva, una calidad de vida y un bienestar menor. El país que tiene más problemas sociales y de salud de todos los estudiados también es el que, aún siendo uno de los países más ricos del mundo, tiene las rentas más mal repartidas: los EEUU. En el otro extremo, con menos problemas y menos desigualdad, están Japón y los países nórdicos. Si reducimos las desigualdades, reduciremos los problemas sociales.
Tengamos en cuenta una cosa: lo que plantea este libro no es ninguna utopía. No se explica cómo deberían funcionar las sociedades que no funcionan comparándolas con sociedades ideales, sino comparándolas con sociedades que ya existen. Y si repartir mejor la riqueza ayudaría a los países ricos más desiguales a vivir mejor, también lo podríamos aplicar al mundo entero: luchar contra la pobreza en Bolivia, por ejemplo, no sólo beneficiará a los bolivianos sino al resto de países del mundo.

Fuentes:

  1. Desigualdad: un análisis de la (in)felicidad colectiva, de Richard WILKINSON y Kate PICKETT: http://www.turnerlibros.com/Ent/Products/ProductDetail.aspx?ID=329





  

domingo, 16 de octubre de 2011

Documentos Dando datos


A partir de hoy, en el botón de arriba a la derecha ("Documentos Dd") podréis encontrar los documentos que acompañan nuestros posts y que sirven para hacer difusión de las ideas que defendemos en ellos.
Para empezar, hemos colgado unas tarjetas con los argumentos que dábamos en el post sobre la propina; los podéis imprimir, recortar y dejar en el platillo de la cuenta en los bares y restaurantes.
Todos estos documentos tienen licencia Creative Commons. Es decir, que los podéis usar, tunear y pasar tanto como queráis.

domingo, 9 de octubre de 2011

Legislando la homosexualidad


A principios de 2011 aparecieron, en un periódico de Uganda, un centenar de fotografías de personajes populares que formaban parte de la comunidad homosexual del país. Las fotografías iban acompañadas de sus nombres y domicilios y de un titular en portada: "¡Colgadlos!". Unos días más tarde un desconocido asesinaba al activista homosexual David Kato, el primero de la lista en caer. Hacía unos meses que la presión internacional había conseguido que el parlamento de este país del África oriental retocara la nueva propuesta de ley sobre la ilegalización de la homosexualidad para que "los reincidentes" no fueran castigados con la pena de muerte sino con la cadena perpetua.
Uganda es un caso extremo de persecución de la homosexualidad, pero no es, ni mucho menos, un caso aislado. En el mundo hay muchos países en los que las leyes condenan, de una forma u otra, la homosexualidad; y son pocos los que tienen leyes que equiparen los derechos de los homosexuales con los de los heterosexuales. Echemos un vistazo.
No fue hasta el 2008 que se rompió el tabú de hablar de los derechos LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) en la asamblea de la ONU, y fue para aprobar la Declaración sobre orientación sexual e identidad de género de las Naciones Unidas que condena la violencia, asedio, discriminación, exclusión y estigmatización basados en la orientación sexual. Pero fue una victoria pírrica: sólo 66 de los 192 países de la ONU votaron a favor (39 de los cuales eran europeos). Es más, inmediatamente se redactó otra declaración en contra, con el voto de 57 países (y el apoyo del Vaticano, que no es miembro de la ONU sino observador permanente) con argumentos tan absurdos como que legalizar la homosexualidad significaba dar legitimidad a los pederastas. Hasta hoy, ninguna de las dos declaraciones ha podido prosperar para convertirse en resolución y no parece que, en breve, la asamblea tenga que ponerse de acuerdo.
Y mientras tanto, cada estado tiene su propia legislación. Con respecto a los castigos, 7 países tienen pena de muerte contra la homosexualidad (Mauritania, Sudán, Irán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Yemen y Somalilandia), así como los 12 estados de Nigeria que han adoptado la ley islámica. Esto no significa, naturalmente, que el resto de países equiparen los derechos de los homosexuales con los de los heterosexuales: sólo 11 países lo hacen como mínimo ante la ley (que se reducen a 8 en el caso de equiparar el matrimonio homosexual con el heterosexual). En el resto, o tienen penas de cárcel y multas, o se les niega el acceso a las fuerzas armadas y otros organismos públicos. Sólo 56 estados, una cuarta parte del total, tienen alguna ley contra la homofobia.
Además, muchos países con leyes favorables, o como mínimo no discriminatorias, hacen la vista gorda cuando tienen que impedir y castigar los abusos contra la comunidad homosexual. Y es que las leyes favorables no siempre tienen el apoyo de toda la sociedad. Incluso en países relativamente abiertos como España las corrientes homófobas y en contra de las leyes de igualdad son importantes, como hemos podido ver durante la polémica ley del matrimonio homosexual.  Y en los EEUU, donde los movimientos de reivindicación de los derechos de los homosexuales tienen mucha fuerza, 18 estados todavía tienen leyes contra la homosexualidad, algunas muy recientes: 13 estados prohibieron explícitamente el matrimonio homosexual o las uniones civiles durante las primarias del 2004, actualmente el matrimonio sólo está permitido en 6 estados de los 60 que forman el país.
Uno de los principales obstáculos con el que se encuentran los derechos de los homosexuales es el hecho que mucha gente (a menudo con el aval de la religión local) considera que la homosexualidad es antinatural, y que por lo tanto no hay que aceptarla ni promoverla. El argumento es estúpido, naturalmente, porque volar y navegar, que sí que son cosas absolutamente antinaturales, son actos plenamente aceptados y la legislación los contempla y protege hasta el punto que tenemos leyes exclusivas para la aviación y la navegación.
Si queremos acabar con la discriminación antes deberemos acabar con esta idea absurda de que existen cosas naturales y cosas antinaturales. Los etólogos consideran que hay unas 1.500 especies animales que muestran comportamientos homosexuales. Si tenemos en cuenta que sólo una, el ser humano, tiene comportamientos homófobos, la pregunta que se nos plantea es evidente: ¿qué es lo antinatural?

Fuentes:

  1. El asesinato de David Kato, condenado junto con 100 personas más por un periódico homófobo ugandés: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Asesinado/activista/gay/Uganda/despues/periodico/publicara/lista/homosexuales/colgar/elpepusoc/20110127elpepusoc_5/Tes
  2. Proyecto de ley antihomosexual en Uganda: http://es.wikipedia.org/wiki/Proyecto_de_ley_antihomosexual_de_Uganda
  3. LGBT: http://es.wikipedia.org/wiki/Lgbt
  4. Declaración sobre orientación sexual e identidad de género de las Naciones Unidas: http://www.oas.org/dil/esp/orientacion_sexual_Declaracion_ONU.pdf
  5. La información sobre legislación la hemos sacado del web SodomyLaws, de la asociación internacional ILCA y de distintos periódicos: http://www.sodomylaws.org   y http://ilga.org/ilga/es/index.html
  6. Artículo sobre homosexualidad animal: http://www.news-medical.net/news/2006/10/23/20718.aspx



 

domingo, 2 de octubre de 2011

Islas de plástico


En 1907 se fabricó el primer polímero totalmente sintético, la baquelita: había empezado la edad del plástico. Desde entonces, y sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, el plástico se ha convertido en un material omnipresente porqué es barato, impermeable, aislante, resistente y fácil de moldear. Aunque existen plásticos naturales, como la goma de caucho o los derivados de la celulosa (el celuloide o el celofán, por ejemplo), la mayoría de los plásticos que utilizamos son sintéticos y provienen del petróleo. Actualmente se fabrican, cada año, 115.000 millones de quilogramos de plástico en forma de nurdles, pequeñas bolitas de colores del tamaño de un perdigón a partir de las cuales se fabrican los objetos de plástico. (Volved a leer la última frase: ¡115.000 millones de quilogramos! ¿Os podéis hacer una idea del montón de plástico que significa eso?).
Muchos de estos plásticos sintéticos se pueden reciclar, pero precisamente porque son baratos y hay tanto no siempre se hace. De hecho, la mayor parte del plástico no se recicla, sino que va a parar a los vertederos de basura o al mar, donde empieza a descomponerse. Pero el plástico no es biodegradable, y aunque enseguida se cuartea y se rompe los pedazos pueden durar mucho tiempo. Como es un material tan nuevo todavía no sabemos exactamente cuánto tiempo durará, pero los científicos calculan que podría tener una vida de unos 10.000 años siempre que esté en contacto con la luz del Sol y el aire, cosa que no sucede ni en los vertederos ni en el mar.
En el mar la situación es muy grave. Desde hace años la cantidad de plástico que vertemos en él crece de forma exponencial. Una parte de este plástico (un 20%) lo vierten los barcos de forma intencionada, pero el resto, la inmensa mayoría, proviene de tierra firme. El viento arrastra bolsas, piezas pequeñas y pedazos de plástico hacia los ríos, cloacas y mares, y toda esta basura se va acumulando arrastrada por las mareas. Puede parecer un problema menor, pero actualmente la contaminación por plástico en el mar es uno de los problemas ambientales más graves a los que se enfrenta nuestro planeta.
Las mareas oceánicas crean espacios muertos en los que la deriva es mínima y en estos puntos es donde se concentra la mayor parte de la basura marítima, creando islas de plástico de cientos de quilómetros de diámetro y unos cuantos centenares de metros de profundidad. De momento se han localizado 11 grandes islas de plástico en los cinco océanos del planeta, la mayor de las cuales está situada en el Pacífico norte y tiene un tamaño similar al de la península Ibérica. Estas islas, a parte del impacto visual, son un peligro para la fauna y la flora marina. Muchas especies de peces se comen los nurdles y los trocitos de plástico porque los confunden con huevos, plancton o krill, cosa que les provoca la muerte. Además, esta capa de plástico dificulta el paso de la luz del Sol e impide que, debajo, crezcan algas y fitoplancton, que son la base de la cadena alimentaria marítima. Os podéis imaginar cómo termina.
Actualmente existen asociaciones como la Fundación Algalita o la Plastic Pollution Coalition que luchan para cambiar las cosas, pero como puede verse en este informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente (UNEP), no es fácil luchar contra estas concentraciones de plástico. Los intentos de recogerlo mediante redes muy finas han demostrado ser contraproducentes porque también acaban con cualquier tipo de vida. Y de momento nadie sabe cómo podemos retirar los miles de toneladas de plástico que flotan en el mar.
Pero que no sepamos cómo arreglarlo no significa que no podamos hacer nada. Para empezar, podemos reducir la cantidad de plástico que usamos para evitar que las islas de plástico crezcan todavía más. La manera más rápida y fácil es reduciendo el número de envases y bolsas: cuando compremos, escojamos los productos que tengan menos plástico y no utilicemos nunca bolsas de un solo uso. Además, tiremos al contenedor de reciclaje todos los envases que utilicemos. Mira dentro del cubo de basura de tu casa y observa si has tirado alguna cosa de plástico: una parte de lo que tires en ese cubo, empezando por la bolsa, acabará en el mar.
Pero todavía hay otra cosa que podemos hacer para evitar esta catástrofe. Como decíamos al principio, no todos los plásticos provienen del petróleo sino que algunos están hechos a partir de materiales naturales y, por tanto, son biodegradables. Son los llamados EDP (las siglas en inglés para plásticos y polímeros degradables en el medioambiente), extraídos directamente de la biomasa (como el almidón o la celulosa), producidos por síntesis química a partir de monómeros biológicos o producidos por microorganismos y bacterias, como los plásticos llamados PHAS. Actualmente este tipo de polímero representa una pequeñísima parte de los plásticos que se encuentran en el mercado, pero la presión de los consumidores puede hacer que sean mayoritarios. Es cuestión de presionar, pues.

Fuentes:

  1. Imagen de un puñado de nurdles: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/fd/Nurdles_01_gentlemanrook.jpg
  2. La isla de plástico del Pacífico norte: http://www.greenpeace.org/international/en/campaigns/oceans/pollution/trash-vortex/
  3. Fundación Algalita de Investigación Marina: http://www.algalita.org/index.php
  4. Plastic Pollution Coalition: http://plasticpollutioncoalition.org/es/
  5. Informe de 2005 del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente (UNEP) sobre la basura marina: http://www.unep.org/regionalseas/marinelitter/publications/docs/anl_oview.pdf
  6. Plásticos biodegradables: http://es.wikipedia.org/wiki/Pl%C3%A1stico#Pl.C3.A1sticos_biodegradables
  7. Un video espectacular sobre los problemas de algunas aves marinas con los residuos plásticos: http://www.midwayfilm.com/
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