lunes, 17 de octubre de 2011

Erradiquemos la pobreza (aunque sea por egoismo)

Existen muchas razones por las cuales uno puede querer erradicar la pobreza. La principal es que la pobreza es la injusticia más importante de nuestro tiempo, y la lucha contra la injusticia es (o debería ser) uno de los principales objetivos de nuestros actos. Pero es evidente que hay quien no tiene ningún interés en acabar con la pobreza, sea porque considera que todos tenemos las mismas oportunidades y que quien es pobre es porque no las sabe aprovechar (que aunque sea un argumento estúpido está mucho más extendido de lo que parece) o porque, aunque considere que es una injusticia, prefiere seguir así y sacar el máximo partido a la situación.
Contra esto hay un argumento definitivo: eliminar la pobreza es la mejor forma de aumentar el bienestar y la calidad de vida de una sociedad, incluidas sus capas más ricas. O sea, que incluso los que más se benefician de la existencia de la pobreza se beneficiarían de su erradicación. En la lucha contra la pobreza todo el mundo sale ganando.
Este es el principal argumento del libro Desigualdad: un análisis de la (in)felicidad colectiva escrito por el economista Richard Wilkinson y la antropóloga Kate Pickett. El razonamiento que plantea este interesantísimo libro es el siguiente:
 Hay una serie de problemas sociales y de salud que afectan especialmente a los más pobres y que, por lo tanto, están más extendidos en los países del Tercer Mundo que en los países ricos: mala salud, violencia, enfermedades mentales, adicción al alcohol y las drogas, esperanza de vida baja, mortalidad alta, obesidad, madres adolescentes, bajo rendimiento escolar en niños, incremento de los homicidios, tasa de población reclusa alta y poca movilidad social. Estos problemas son más graves en las sociedades más pobres, y si comparamos El Salvador con Francia, por ejemplo, o Nigeria con Suiza, veremos claramente de qué hablamos.
Hasta aquí lo que ya sabíamos. Lo que han descubierto estos investigadores es que entre los países ricos estos problemas no disminuyen a medida que aumenta la riqueza: donde se vive mejor es en los países que tienen menos desigualdades. Para entenderlo, miremos este gráfico donde aparecen los países más ricos del mundo (algunos países de Europa, Canadá, EEUU, Japón, Australia y Nueva Zelanda):
    


En el eje vertical hay un índice elaborado a partir de los problemas sociales y de salud que hemos listado más arriba con datos sacados de la OMS, la ONU, la OCDE, la UNICEF y agencias estatales de cada país. Cuanto más arriba está, más problemas tiene un país. En el eje horizontal está la desigualdad en la renta de los ciudadanos: cuanto más a la derecha, más desigualdad existe entre las rentas de los habitantes de un país. Como puede verse, los países en los que las rentas son más desiguales (los ricos son más ricos y los pobres más pobres) tienen más problemas. Y estos problemas no sólo afectan las capas bajas: si sacamos de la ecuación a los más pobres del país, el gráfico sigue siendo el mismo: entre los ricos de los EEUU, por ejemplo, hay más problemas que en Finlandia.
Resumiendo: en los países con más desigualdad incluso los ricos tienen una esperanza de vida más corta, peor salud, más violencia, más adicciones y, en definitiva, una calidad de vida y un bienestar menor. El país que tiene más problemas sociales y de salud de todos los estudiados también es el que, aún siendo uno de los países más ricos del mundo, tiene las rentas más mal repartidas: los EEUU. En el otro extremo, con menos problemas y menos desigualdad, están Japón y los países nórdicos. Si reducimos las desigualdades, reduciremos los problemas sociales.
Tengamos en cuenta una cosa: lo que plantea este libro no es ninguna utopía. No se explica cómo deberían funcionar las sociedades que no funcionan comparándolas con sociedades ideales, sino comparándolas con sociedades que ya existen. Y si repartir mejor la riqueza ayudaría a los países ricos más desiguales a vivir mejor, también lo podríamos aplicar al mundo entero: luchar contra la pobreza en Bolivia, por ejemplo, no sólo beneficiará a los bolivianos sino al resto de países del mundo.

Fuentes:

  1. Desigualdad: un análisis de la (in)felicidad colectiva, de Richard WILKINSON y Kate PICKETT: http://www.turnerlibros.com/Ent/Products/ProductDetail.aspx?ID=329





  

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