domingo, 27 de noviembre de 2011

Sobre elfos, gnomos, dragones y hadas


Paracelso fue uno de los introductores del método científico en los estudios de medicina y uno de los responsables de que esta ciencia abandonara la teoría hipocrática y escolástica de los cuatro humores y empezara a introducir los remedios químicos y la cirugía como base de la medicina moderna. Pero no todas sus ideas eran tan "científicas". Paracelso también es autor de un montón de libros sobre magia y alquimia, escritos en una época en la que estas disciplinas iban de la mano de la química y el resto de ciencias naturales. Uno de sus libros más curiosos, publicado en 1566 (un cuarto de siglo después de su muerte), es el Libro de las ninfas, los silfos, los pigmeos, las salamandras y el resto de espíritus, que describe todas las criaturas mágicas y ocultas que, supuestamente, habitan el planeta: "nadie ha de maravillarse de que puedan existir criaturas como estas, porqué Dios es maravilloso en sus obras, que suele presentar de forma milagrosa" dice en el primer capítulo del libro.
Creer en criaturas imposibles no es, pues, patrimonio exclusivo de mentalidades precientíficas y enemigas de la lógica, sino que incluso algunos de los científicos más importantes de la historia han creído en ellas con más o menos fuerza. Isaac Newton, que indudablemente fue uno de los grandes científicos de todos los tiempos, dedicó muchos esfuerzos a que la Royal Society patrocinara un viaje a los Alpes suizos con la intención de estudiar los dragones que, en ese tiempo, se creía que los habitaban. No era una idea exótica: desde la publicación de los viajes alpinos del naturalista Johann Jakob Scheuchzer la idea de que en los Alpes vivían dragones y otras criaturas antediluvianas estaba muy extendida entre los científicos de toda Europa.
A todos nos parece que tenemos clara la frontera entre lo que existe y lo que no, entre la realidad y la superstición. Nos parece que estas creencias son cosa del pasado, de un tiempo en el que estaban tan extendidas que incluso los grandes sabios las creían. Y que hoy lo que queda sólo son algunas bolsas de crédulos situadas en países lejanos o entre gente poco ilustrada. Pero eso no es verdad, y todavía hoy hay mucha gente que defiende la existencia de seres mágicos. Un ejemplo: una encuesta hecha en Islandia en 1995 decía que el 70% de la población cree en la existencia de la "gente escondida", que es como se conoce a los elfos, lo gnomos y el resto de criaturas mitológicas en la isla. Del resto, un 23% no estaba seguro y un 1% no contestaba, lo cual nos deja con sólo un 6% de islandeses que niega la existencia de elfos escondidos entre la naturaleza de su país. De encuestas sobre este tema se han hecho muchas (con resultados bastante similares), porque los elfos son un elemento muy importante del folklore de Islandia, un folklore mucho más vivo de lo que nos pensamos. En el Ministerio de Transportes islandés, por ejemplo, hay una persona encargada de vigilar que los trazados previstos de las nuevas carreteras no pasen por los sitios donde la tradición dice que viven elfos, para evitar molestarlos. ¿Os imagináis que el gobierno gallego tuviera un departamento de meigas?
No es fácil, pues, ver dónde está la frontera entre lo que es cierto y lo que es superstición, sobre todo si eres uno de los que cree en cosas irreales. ¿Pero cómo saber si lo que crees es irreal o no? El escritor Fernando Arrabal, hablando de los dragones de los Alpes, resumió muy bien este dilema: "Si Newton, que tenía el cerebro más privilegiado de nuestra especie, creía en dragones, ¿en qué dragones debo estar creyendo yo sin darme cuenta?".

Fuentes:

  1. Paracelso: http://es.wikipedia.org/wiki/Paracelso
  2. La teoría de los cuatro humores: http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_de_los_cuatro_humores
  3. Extracto del Libro de las ninfas, los silfos, los pigmeos, las salamandras y el resto de espíritus, de Paracelso: http://www.elementos.buap.mx/num22/pdf/3.pdf
  4. Los viajes de Scheuchzer por los Alpes buscando dragones: http://bedejournal.blogspot.com/2009/08/dragons-of-swiss-alps.html
  5. Encuestas sobre elfos en Islandia: http://en.wikipedia.org/wiki/Hulduf%C3%B3lk#Surveys
  6. El documental Investigación sobre el mundo invisible de Jean Michel Roux, que pasó unos años estudiando la creencia de los islandeses en elfos y otras criaturas sobrenaturales: http://www.youtube.com/watch?v=gRjatXe5bis
  7. Las carreteras islandesas evitan los sitios donde viven elfos: http://www.datosfreak.org/datos/slug/Los-elfos-de-islandia/
  8. El escritor Fernando Arrabal: http://es.wikipedia.org/wiki/Fernando_Arrabal
   
   

   
  

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Votar en contra de los propios intereses


Mucha gente se pregunta, en tiempo de elecciones, por qué tienen tantos votos los partidos que tradicionalmente defienden los intereses de una minoría. Es un tema recurrente en los foros políticos e incluso en los bares y cafés. Basta con ir a Google y teclear "por qué la gente vota X", cambiando la X por el nombre del partido que, según tu punto de vista, favorezca los intereses de la minoría con las riendas más altas, para darse cuenta que existe mucha gente que se hace esta pregunta. Y de que hay respuestas de todo tipo, también. Intentemos analizarlas.

Básicamente, las respuestas que da la gente pueden resumirse en dos. Por un lado, las que se basan en la ignorancia en temas políticos de la gran mayoría de los votantes. Algunas de estas respuestas son más suaves ("es necesario un nivel cultural muy alto para hacerse una idea clara de la política, la historia y la economía, y esto es difícil para mucha gente") y otras son más radicales ("la gente es idiota"), pero en todo caso vienen a decir lo mismo: el que vota a un partido que defiende intereses muy distintos a los suyos es porqué desconoce las intenciones reales de este partido y, en muchos casos, incluso desconoce qué tipo de políticas serían más favorables a sus propios intereses.

El segundo gran grupo de respuestas, más o menos, viene a decir: la intención de voto en las grandes democracias, sobre todo en aquellas dónde el bipartidismo está más extendido, reacciona a la ley del péndulo, que básicamente castiga a aquellos que llevan tiempo en el poder porque se les identifica con todos los problemas del país y premia a la oposición porqué ha sido la voz crítica con los males que padece la sociedad o, incluso, porque es el único recambio disponible. Hay épocas en las que el péndulo oscila hacia partidos que coinciden más con los intereses de la mayoría y épocas en las que oscila hacia el lado opuesto.

¿Cuál de las dos es la buena? Bueno, las dos pueden tener parte de razón (y la tienen: sólo hace falta echar un vistazo a los periódicos para identificar casos en los que estas respuestas se pueden aplicar). Pero que estas respuestas se basen en la realidad no significa que la expliquen completamente. Quizás la gente que vota contra sus intereses no es tan ignorante, ni está tan desinformada, ni hace un voto de castigo. O como mínimo, no toda. Quizás, sencillamente, es que vota lo que le interesa votar.

Este es el punto de vista de John Kenneth Galbraith, uno de los grandes economistas del siglo XX, y está expuesto en uno de sus libros: La cultura de la satisfacción. Intentaremos resumirlo.

Durante siglos, las normas las han dictado la minoría que tenía el poder. El resto de la población, por más que fueran una amplísima mayoría, no tenían ni voz ni voto en las decisiones políticas y económicas. Con la conquista de la democracia parlamentaria en una parte significativa de países del mundo las cosas han cambiado, y ahora mucha más gente participa en la toma de decisiones. Pero no nos confundamos: por más que sean una mayoría de ciudadanos de estos países los que tienen la posibilidad de influir en la vida pública, no son todos. Es lo que Galbraith llamaba la Mayoría Electoral Satisfecha, los afortunados económica y socialmente. Y en todo caso son una mayoría no de todos los ciudadanos, sino de los ciudadanos que realmente votan. Aquí hay que restarle todos aquellos ciudadanos que no participan porque no ven que les sirva de nada hacerlo, y también todas aquellas personas que ni siquiera tienen derecho a votar, como los inmigrantes sin papeles. Esta mayoría satisfecha defiende en las urnas a aquellos partidos que los favorecen, aquellos partidos que priorizan sus intereses por encima de los intereses de los demás. 

Cuando se habla de recortar los gastos del Estado en época de déficit se habla de recortar las ayudas sociales, las viviendas baratas, la sanidad pública, la educación pública o las necesidades de los colectivos de inmigrantes, pero nunca se plantea recortar otras prestaciones como las garantías financieras de los depositarios de los bancos en bancarrota (que suponen para los estados un gasto astronómico) o las subvenciones a los grandes grupos agrarios que exportan al Tercer Mundo. Según esta mayoría satisfecha, estos gastos no suponen una carga para el Estado (como en el caso de la sanidad para los pobres o las pensiones para los parados) sino que son pilares del bienestar y la seguridad de los ciudadanos. Es decir, que del mismo modo que la nobleza del Antiguo Régimen justificaba sus privilegios como necesarios para el buen funcionamiento de la economía y la estabilidad del país, actualmente la mayoría satisfecha justifica sus privilegios con los mismos argumentos. Y nunca faltan, naturalmente, economistas y politólogos que den un barniz intelectual a esta justificación.

Esta defensa de los privilegios no es monolítica: una parte cada día más importante de los privilegiados se preocupa por la situación de los que no participan del bienestar general, incluso pasando por encima de la propia satisfacción personal, y esta preocupación es una de las formas más acreditadas de discurso social. Pero a la práctica la mayoría satisfecha, cuando va a votar, prioriza su bienestar por encima de la justicia social.

Naturalmente, cuando se habla de privilegiados todos tendemos a pensar que no va con nosotros. Pero no sólo nos estamos refiriendo a los que viven rodeados de lujo, yates y fiestas en islas tropicales, sino a aquellos que tienen un trabajo y una casa y no tienen excesivos problemas para llegar a fin de mes: son privilegiados por contraste con los que están debajo económicamente. Y el discurso contra las ayudas a aquellos que están peor que ellos es un discurso que convence porque toca un punto sensible: conservar lo que se tiene y no perder ningún privilegio. 

Los que votan a partidos que defienden estos privilegios están apoyando el desmantelamiento del estado del bienestar porque creen que lo que sacarán de este desmantelamiento (pagar menos impuestos) les beneficiará. E incluso llegan a justificar los excesos de los que son todavía más afortunados que ellos porque si la mayoría satisfecha mostrara su ira contra la "minoría supersatisfecha", mostrando sus excesos, dejaría en evidencia los excesos propios en contraste con la situación de los que viven peor. Como dice Galbraith, "la opulencia esplendorosa de los muy ricos es el precio que paga la mayoría electoral satisfecha para poder retener lo que tiene, que es menos pero también está bastante bien".

En resumen, que quizás a la crítica (¡justificadísima!) que hacemos de los privilegios injustos de los más ricos deberíamos empezar a añadir cierta autocrítica hacia la defensa que hacemos de nuestros propios privilegios; unos privilegios que, como en el caso del consumo desmesurado o las demandas de menos impuestos, condenan a millones de personas a la miseria más absoluta.

Quizás los que votan a partidos que defienden los privilegios de la mayoría satisfecha saben muy bien lo que se hacen. Y quizás deberían empezar a plantearse si es justo defender los propios intereses por encima de los intereses de los que no pueden defenderse. 

Fuentes:

  1. John Kenneth Galbraith: http://es.wikipedia.org/wiki/John_Kenneth_Galbraith
  2. La cultura de la satisfacción: http://www.claret.cat/es/libro/la-cultura-de-la-satisfaccion
   
   
   

  

domingo, 13 de noviembre de 2011

Siguiendo una bomba de racimo


El negocio de las armas es uno de los grandes negocios de nuestra época. Las cifras lo dicen todo: en 2010 se movieron 150.000 millones de dólares. Es un negocio tan grande y con tantos actores (fabricantes, compradores, intermediarios, ejércitos regulares, paramilitares, guerrillas, traficantes, etc.) que se hace difícil entender su funcionamiento.
Para hacerlo más cercano y entender un poco cómo funciona el negocio de las armas lo mejor es coger una empresa mediana, que no sea una de las más grandes y despersonalizadas, y seguir uno de sus productos. Poner nombres y apellidos a las cosas, y a ser posible que estos nombres y apellidos no nos suenen demasiado lejanos ni tengan la sede en una isla caribeña. Hemos escogido una empresa española, por proximidad y porque España es el noveno exportador más importante de armas de todo el mundo, lo que convierte a este país en uno de los actores principales del comercio de armas. La empresa escogida es Instalaza, una empresa con sede en Madrid y fábrica en Zaragoza que equipa a ejércitos de muchos países. Es importante que quede claro que hemos escogido esta empresa como podríamos haber escogido otra, y que en principio no es mejor ni peor que otras empresas armamentísticas. Se trata de ver cómo actúa una empresa cualquiera de las que se dedican a este abominable negocio.
El producto de esta empresa que hemos escogido son las bombas MAT-120, conocidas como bombas de racimo o bombas clúster, que la empresa fabricó y vendió hasta el 2008. La bomba de racimo es un tipo de proyectil que se lanza desde el aire o desde la superficie y que, cuando el altímetro que lleva incorporado detecta que ha llegado a cierta altura, se abre y deja ir docenas de bombas que se dispersan para ocasionar el máximo daño posible. Esta dispersión es muy efectiva si se trata de arrasar una zona, y por este motivo es una de las bombas que más daño hace a la población civil. Esta capacidad destructiva tan descontrolada fue el motivo por el cual, en el 2008, se aprobó un tratado internacional que prohíbe a los 65 países que lo han firmado usar, fabricar, vender, manipular y almacenar este tipo de bomba. España fue el quinto país en ratificar el tratado y el primero en desmantelar totalmente su arsenal de casi 6.000 bombas de racimo.
La empresa Instalaza, que todavía muestra este tipo de bomba en su catálogo (aunque después de que la noticia apareciera en la prensa en enero de 2009, especifica claramente que no las fabrica ni las vende), se quejó al gobierno español porqué le habían hundido el negocio y, encima, tuvo el morro de reclamar 40 millones de euros en concepto de lucro cesante. El gobierno, naturalmente, dijo que no. Aunque, curiosamente, hace unos meses recalificó los terrenos de la fábrica de forma muy, muy provechosa. Quizás es coincidencia, naturalmente.
Y bien, ¿qué ha pasado con las bombas de racimo que Instalaza fabricó hasta 2008 y que no se desmantelaron porque se habían vendido al exterior? De los 7 países a los que supuestamente Instalaza vendió este tipo de bomba, sólo conocíamos uno: Finlandia, donde la empresa ganó un concurso para suministrar este tipo de armamento al ejército. Del resto, nada de nada... hasta que, en abril del 2011, la ONG Humans Rights Watch descubrió en Misrata, en Líbia, los restos de unas bombas de racimo de esta empresa con las que el ejército de Gadafi había bombardeado a la población civil durante la revuelta que acabó con su régimen. Según lo que indican estos restos, fueron fabricadas en 2007. ¿Dónde están, el resto de bombas de Instalaza? Tendremos que esperar a que alguien más las tire contra la población civil para saber a quien las han vendido.
No es fácil luchar contra este tipo de comercio. Por cada bomba prohibida, los catálogos de estas empresas tienen páginas y páginas de productos "legales". Y los tratados internacionales para frenar este negocio son lentos y muy limitados. Y como no somos consumidores de este tipo de producto, tampoco lo podemos boicotear. Pero hay algo que sí que podemos hacer, que es presionar a aquellos que han financiado todo esto. En un informe de Setem del 2007 podemos ver que ese año las bombas que se vendieron a Gadafi se fabricaron gracias a los créditos que la empresa pidió a los siguientes bancos: Deutsche Bank, Cajalón, Caja Rural, Caja España, Caja del Mediterráneo, Bankinter, Barclays Bank, Ibercaja, Banco Popular, Banc de Sabadell y La Caixa. 
¿Tienes tu dinero en alguno de ellos? ¿O en algún otro banco español que financie el negocio de las armas? Quizás sea el momento de empezar a pensar en la banca ética, ¿no?

Fuentes:

  1. El comercio mundial de armas: http://www.globalissues.org/article/75/world-military-spending
  2. Post de Dando datos sobre el comercio de armas ligeras: http://www.dandodatos.com/2011/05/la-sociedad-civil-reclama-poner-las.html
  3. Los principales países exportadores de armas: http://www.sipri.org/databases
  4. Artículo sobre Instalaza en la Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Instalaza
  5. Bombas de racimo o bombas clúster: http://es.wikipedia.org/wiki/Bomba_de_racimo
  6. El tratado que limita el uso de las bombas de racimo: http://es.wikipedia.org/wiki/Normas_acerca_de_las_municiones_de_racimo
  7. El catálogo de Instalaza: http://www.instalaza.es/
  8. Instalaza pide 40 millones al gobierno: http://www.cincodias.com/articulo/empresas/instalaza-pide-millones-prohibicion-bombas-racimo/20110509cdscdiemp_1/
  9. La recalificación de terrenos de Instalaza:  http://www.heraldo.es/noticias/zaragoza/urbanismo_recalifica_los_suelos_fabrica_armas_instalaza_para_sacarla_del_casco.html
  10. Humans Rights Watch descubre bombas de racimo de Instalaza en Libia: http://www.hrw.org/es/news/2011/04/15/libia-municiones-en-racimo-hacen-impacto-en-misrata
  11. Las cuentas de Instalaza: http://www.setem.org/setem_ftp/madrid/descargasweb/ANEXO-BANCALIMPIA-SETEM-bombasInstalaza.pdf
  12. Informe de Setem sobre los bancos que financian el comercio de armas: http://www.bancalimpia.com/pdf/negocios-sucios.pdf
  
  
  

  

domingo, 6 de noviembre de 2011

El juego del reciclaje

Esta semana os proponemos un juego. En principio todos sabemos en qué contenedor de basura debemos tirar cada uno de los residuos que generamos en casa... ¿o no? Seguro que sabes que los periódicos viejos se tiran en el contenedor azul de papel y que las hojas marchitas de lechuga se tiran en el cubo de los residuos orgánicos, ¿pero estás seguro que sabes dónde van los tapones de corcho, las botellas de cava, el papel de aluminio usado, los termómetros o las bombillas tradicionales de consumo alto? A ver si consigues completar nuestro juego sin ningún error. ¡No es fácil! Seguro que te llevas alguna sorpresa.



Fuentes:
En Internet puedes encontrar muchas webs dedicadas a la recogida selectiva de residuos. Lo mejor que puedes hacer, si estás interesado en el tema o tienes alguna duda sobre un residuo en concreto, es consultar la información que ofrece la entidad que gestiona la recogida de residuos en tu localidad. De esta forma te aseguras que tus criterios para separar los residuos sean los mismos que los de la empresa o organismo público que los recibe, y por lo tanto ayudas a que el reciclaje sea lo más eficiente posible. 
Para tener un referente, puedes consultar los criterios y recomendaciones de la recogida selectiva de residuos en el Área Metropolitana de Barcelona: http://www.amb.cat/web/emma/residus/recollida_municipal/vidre

Puedes usar el siguiente código para incrustar este juego en tu web: