domingo, 26 de febrero de 2012

Las listas de libros prohibidos


Desde que existen los libros hay tarados que los destruyen. E incluso, tarados que destruyen a sus autores para que no puedan escribir más ni difundir lo que ya han escrito. La historia de la destrucción de libros es larga y vergonzante, y hay muchos estudiosos que se han dedicado a recorrer este conjunto de estupideces y barbaridades. Para los que estén interesados, una buena introducción es la Historia universal de la destrucción de libros, del excéntrico y curiosísimo historiados Fernando Báez. En él encontrareis los incendios que han sufrido las bibliotecas de Alejandría, Pérgamo, Babilonia, Roma, Grecia y China, o la destrucción de libros en Bagdad desde la invasión de Gengis Kan hasta la de George Bush, pasando por la quema de libros (y de autores) durante la Contrarreforma.
Pero aparte de la destrucción, otra forma (más sutil pero igualmente práctica) de evitar que se lea un libro es prohibir su lectura incluyéndolo en una lista de libros prohibidos. De todas las listas que se han hecho hasta ahora la más conocida es, sin duda, el Index librorum prohibitorum, el listado de libros prohibidos de la Iglesia católica. No es un listado medieval, como se dice, sino que se empezó a publicar durante el Concilio de Trento, en 1559. ¿Por qué no se había hecho antes? Bueno, de libros prohibidos por la Iglesia ya había habido, pero seguramente no hacía falta un listado porque hasta la expansión de la imprenta tampoco había tantos libros ni tanta gente que pudiera leerlos. Además, la idea original de este listado era frenar la divulgación de la Reforma protestante que en aquellos años se expandía por Europa, motivo por el cual se hizo el concilio.
Otro equívoco sobre el Índice: en realidad no incluía todos los libros que la Iglesia consideraba que no debían ser leídos, sino sólo aquellos en los que había la posibilidad de que los lectores no se dieran cuenta que eran contrarios a la doctrina de la Iglesia. Los libros de autores ateos u hostiles al catolicismo eran repudiados ipso facto, sin necesidad de ser incluidos en el Índice. Un vistazo al listado (tenéis el link al final) da una idea del tipo de libros que incluía: buena parte de las grandes novelas del siglo XIX están representadas en él. ¿Los motivos? Sexo explícito (o lo que los redactores del Índice consideraban sexo explícito, pero que los adolescentes de hoy en día considerarían caricias infantiles para aburrir a las cabras), comportamientos no del todo cristianos de los protagonistas, ideas políticas "equivocadas", etc. Durante unos años y hasta fines de 1961 todavía se añadió algún libro al listado, pero en 1966 se abandonó definitivamente.
Visto esto, parece que los listados de libros prohibidos sean cosa del pasado... pero no es exactamente así. Un ejemplo: en esta web de ex miembros del Opus Dei hay un listado de libros prohibidos por la prelatura, con códigos según si el libro se puede leer sin problemas, con permiso especial de la delegación o está absolutamente prohibido y sólo se puede leer con un permiso del padre prelado. Además, incluye una serie de fichas de lectura de unos cuantos centenares de libros, prohibidos o no, sobre los aspectos morales y doctrinales de cada uno de ellos. No sé si tendrán algún efecto entre los fieles, pero en mí, sí: gracias a estos centenares de fichas he pasado dos apasionantes noches en blanco.
De todas formas, existen casos mucho más graves que este ya que, en definitiva, en el Opus Dei entra quien quiere y cualquiera es libre de abandonarlo cuando le venga en gana. Pero cuando la censura proviene de las administraciones públicas, incluso de las de países democráticos, la cosa cambia. De ejemplos hay muchos, como los que podéis ver en este mapa de los EEUU en el cual la American Library Association (ALA) ha marcado 348 casos de libros prohibidos por ayuntamientos, bibliotecas públicas, consejos escolares, etc. Los motivos son diversos, pero abundan los casos de libros prohibidos por presentar personajes homosexuales o ateos. Otros, tienen motivos más "razonables": contienen comentarios racistas o sexistas. Pero con este criterio, gran parte de las obras de la literatura universal deberían estar prohibidas. Es absurdo, y ningún libro debería estar prohibido por más asqueroso que nos parezca su contenido. Siguiendo este razonamiento, el ALA creó, en 1982, la Semana de los Libros Prohibidos, que se celebra cada año en los Estados Unidos y que tiene como objetivo dar voz y presencia a los libros que, por una u otra razón, han sido prohibidos. Y es que, como dice el lingüista Noam Chomsky, "si no creemos en la libertad de expresión para las personas que despreciamos, no creemos en ella en absoluto".

Fuentes:
  1. Fernando BAEZ. Historia universal de la destrucción de libros: http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/8996/Historia_universal_de_la_destruccion_de_los_libros
  2. La última versión del Index librorum prohibitorum, de 1948: http://www.cvm.qc.ca/gconti/905/BABEL/Index%20Librorum%20Prohibitorum-1948.htm
  3. El Concilio de Trento en el que se aprobó el Índice y otras medidas contrarreformistas:  http://es.wikipedia.org/wiki/Concilio_de_Trento
  4. La Reforma protestante: http://es.wikipedia.org/wiki/Reforma_Protestante
  5. Los listados de libros prohibidos del Opus Dei: http://www.opus-info.org/index.php?title=%C3%8Dndice_de_libros_prohibidos
  6. Mapa de libros prohibidos en los EEUU: http://maps.google.com/maps/ms?ie=UTF8&hl=en&oe=UTF8&source=embed&t=h&msa=0&msid=112317617303679724608.00047051ed493efec0bb8&ll=38.68551,-96.503906&spn=32.757579,56.25&z=4
  7. Web de la American Library Association: http://www.ala.org/advocacy/banned
  8. La Semana de los Libros Prohibidos: http://www.bannedbooksweek.org/
   
   
   
    

lunes, 20 de febrero de 2012

Contaminación global y patitos de goma

Foto original: Kim Steele

¿Cuál es el país del mundo que contamina más? Una búsqueda rápida de este tema en cualquier buscador de Internet nos dará como resultado docenas de rankings hechos por organizaciones de fiabilidad variable, en los cuales los resultados siempre son distintos. Y es que esta pregunta tiene tantas variables que no es fácil de contestar. Si los resultados son por habitante, salen unos países, pero si se tiene en cuenta la contaminación total de cada país, sólo aparecen los países más grandes; si se calcula en emisiones de CO2 no sale lo mismo que si se calculan las emisiones de otros gases; si hablamos de residuos sólidos, la cosa vuelve a cambiar, del mismo modo que si lo que se calcula son los fertilizantes y pesticidas de la agricultura, o los productos químicos de la industria o los residuos nucleares de los (relativamente pocos) países que tienen centrales en funcionamiento.
¿Qué podemos concluir, de esto? Que incluso los rankings de contaminación más bien hechos, como el que hace el CARMA (Carbon Monitoring for Action) sobre los países que emiten más CO2 a la atmosfera, no tienen en cuenta una cosa evidente: que la contaminación es un fenómeno global que afecta a todo el planeta, y que no tiene mucho sentido buscar pequeñas soluciones locales para frenarla.
Una buena manera de entender como de global es la contaminación es la historia de los patitos de goma del profesor Curtis Ebbesmeyer. Este oceanógrafo está especializado en los movimientos de las corrientes marinas, y hace años que, con algunos compañeros, pone a punto un programa de ordenador que nos ayude a entender cómo funcionan estas corrientes. El problema es que las boyas que usan los oceanógrafos para estudiar la deriva de las masas de agua tienen un precio muy elevado (hasta 1.650€ cada una) porque llevan una serie de dispositivos de medición y rastreo por satélite para saber exactamente dónde están en cada momento, y eso hace que haya pocas y que los datos con los que trabajan los oceanógrafos sean insuficientes. Pero la cosa cambió en enero de 1992, cuando un barco portacontenedores proveniente de Hong Kong que se dirigía a los EEUU perdió unos contenedores en medio del Pacífico y toda la carga se fue al agua. En total, 29.000 juguetes de bañera se dispersaron, flotando, por el océano. Patitos amarillos, castores rojos, ranas verdes y tortugas azules como las que podéis ver en esta foto, sobre el brazo del simpático oceanógrafo. Unos meses más tarde, en noviembre de ese año, los primeros patitos llegaban, arrastrados por las corrientes del Pacífico Norte, a las costas de Alaska. La noticia apareció en algunos medios y al oceanógrafo se le encendió la lucecita: ya tenía una forma barata de recopilar datos sobre las corrientes marinas. Avisó al personal de costas y puertos de todo el mundo, dio algunas entrevistas a periódicos y se puso a esperar que alguien encontrara más patitos. Y no tuvo que esperar mucho. Durante años, los patitos han ido apareciendo en distintos puntos del planeta, y Ebbesmeyer ha ido recopilando los datos de su larguísimo viaje. Los patitos amarillos y los castores rojos han perdido el color y ahora son blancos, pero las ranas verdes y las tortugas azules siguen en buen estado. Cosas de las radiaciones solares.
Gracias a la colaboración de guardacostas, marinos, responsables de puertos o simples ciudadanos que pasean por la playa, se ha podido reconstruir el viaje. Se sabe que, en seguida del accidente, el grupo se dividió en dos. Una parte siguió la costa americana hacia el sur, rodeando las inmensas islas de plástico de las que hablábamos hace unas semanas, y en 1994 ya habían llegado a las costas de Australia e Indonesia. La otra mitad subió hacia el norte, se quedó atrapada en el hielo del océano ártico durante cinco años (de 1995 al 2000) y, después de una larga deriva, fue a parar al Atlántico Norte. En el año 2000 ya tocaban las costas atlánticas del norte de los EEUU (Maine y Massachusetts), y en el 2003 ya habían llegado a las islas Hébridas, en la costa oeste de Escocia. En el 2007, después de 15 años de viaje, los primeros patitos decoraron las playas británicas, y a finales de ese año ya se esperaba su llegada a las costas de Galicia. Hoy, a principios del 2012, hay pocos sitios en el mundo que no hayan visitado.
Naturalmente, los patitos no son los únicos objetos que han viajado arrastrados por la marea y han sido utilizados por los oceanógrafos para entender cómo funcionan las corrientes marinas. En 1997 cinco millones de piezas de Lego cayeron al océano y siguen, desde entonces, a la deriva. Lo mismo pasó en 1990 y en el 2002 con 80.000 y 33.000 pares de zapatillas Nike. Y eso son sólo algunos ejemplos: se calcula que, cada año, entre 2.000 y 10.000 contenedores caen al agua y pierden la carga. Y no sólo los objetos son arrastrados por la marea. Los productos químicos o el petróleo de los vertidos también recorren el mundo y se esparcen por todas partes. E incluso la contaminación de tierra firme, que se filtra a los ríos y acuíferos, muy a menudo termina en el mar: pesticidas, productos industriales, restos líquidos de los basureros...
La contaminación es un fenómeno global, y hay que tratarla globalmente. Si no, por más limpio que tengamos el jardín de casa sufriremos las consecuencias.

Fuentes:
Ranking de emisiones de CO2 por país hecho por Carbon Monitoring for Action (CARMA): http://carma.org/region
El oceanógrafo Curtis Ebbesmeyer: http://es.wikipedia.org/wiki/Curtis_Ebbesmeyer
Un ejemplo de cómo son estas sofisticadas boyas: http://www.ocean-net.info/instrumentacion/LinkQuest/ADP_Flowquest.htm
Una foto de los animalitos de plástico: http://oceanmotion.org/html/research/ebbesmeyer.htm
Post de Dando datos sobre las islas de plástico del Pacífico: http://www.dandodatos.com/2011/10/islas-de-plastico.html
La llegada a Gran Bretaña: http://www.dailymail.co.uk/news/article-464768/Thousands-rubber-ducks-land-British-shores-15-year-journey.html

   
   
   

lunes, 13 de febrero de 2012

Comercio justo en el Pirineo: la lana de oveja xisqueta


Cuando oímos hablar de comercio justo pensamos siempre en las relaciones comerciales entre países del Norte y países el Sur, entre consumidores ricos y productores pobres. Resumiendo, el comercio justo es la búsqueda de unas condiciones dignas en el comercio de los productos de los países pobres, pagando sueldos decentes, no aceptando mano de obra infantil ni esclava, procurando que el dinero llegue a los productores locales y no a las empresas intermediarias, asegurándose que la producción respete el medioambiente, etc. Actualmente, la mayor parte del comercio mundial está muy lejos de ser justo, y la prueba es que muchas de las zonas más pobres del planeta y los puntos donde se concentra el hambre en el mundo son zonas agrícolas que, en principio, deberían poder vivir de lo que producen. La culpa es de los mercados internacionales y de las grandes empresas que compran los productos agrícolas básicos a precios de miseria, sí, pero también de los consumidores que, cuando vamos a comprar, buscamos el precio más bajo sin que nos importen demasiado las condiciones en las que has sido producido lo que compramos. Si podemos comprar un jersey por 5 o 10€, mejor que pagar 40. Pero si es tan barato es porque los productores de la lana, el algodón o el lino cobran precios de miseria o porque los trabajadores de la industria textil que lo ha confeccionado viven en condiciones infames. O las dos cosas a la vez, que es lo más corriente. Y por lo tanto, el ganadero que intenta vender la lana a una empresa que practique el comercio justo se encontrará que esta lana no tiene prácticamente demanda porque en los mercados de los países ricos poca gente quiere pagar lo que cuesta.
Pero este problema no es exclusivo de los productores de los países pobres. En los países ricos también hay muchos sectores que no pueden competir con los precios reventados de los mercados internacionales y prácticamente han desaparecido. Un ejemplo muy claro es la industria textil europea, que hace un siglo que está en crisis y ahora, con la entrada de productos textiles chinos, prácticamente ha desaparecido. Y no sólo han desaparecido las fábricas, sino también los productores de las materias primas: la lana, el algodón, el lino o el cáñamo.
En el Pirineo catalán, un caso muy evidente de esta desaparición es la oveja xisqueta, una raza autóctona con facilidad para sobrevivir en ambientes fríos y duros como el Pirineo y que da una lana y una carne de calidad. En los últimos decenios su población ha disminuido mucho, sobre todo porque su lana no puede competir en los mercados internacionales y, desde 1980, los pastores sólo sacan beneficios de la carne, porque la lana no se la compra nadie. Esta pérdida de valor de la oveja xisqueta convirtió un sector que, más allá de la dureza del trabajo, se ganaba bastante bien la vida, en un oficio sin demasiado futuro. Los hijos de los pastores, desde hace una generación, acostumbran a abandonar el oficio para dedicarse a otras cosas mejor pagadas, motivo por el cuál en el año 1995 la raza xisqueta fue catalogada como raza en peligro de extinción. 
Pero este proceso de desaparición, que en muchos casos es imparable, en el caso de la xisqueta puede tener solución. Se trata de aplicar el concepto de comercio justo a la lana de la xisqueta y concienciar a los consumidores de que el aumento de precio del producto final está justificado. En otras palabras, que el atractivo que pierde por culpa del precio lo recupere por su valor social y ambiental: comprar productos hechos con esta lana permite mantener la ganadería en el Pirineo, ayuda a salvar la especie de la extinción, protege el paisaje (las ovejas son uno de los mejores agentes forestales imaginables al conservar el sotobosque y evitar la desaparición de los prados alpinos), potencia el comercio local y de proximidad en vez de importar la lana del otro lado del mundo, reduce el impacto ambiental del transporte, evita la pérdida de habitantes de los pueblos de alta montaña, etc. Con esta idea en la cabeza, una serie de asociaciones que trabajan para dar vida al sector primario del Pirineo han creado el Obrador Xisqueta, que sirve de enlace entre 21 explotaciones de ovejas del Pirineo y una serie de artesanos que manufacturan la lana. Entre todos, y sin salir del Pirineo, consiguen cubrir todos los eslabones de la cadena: desde el pastor, que cobra un precio justo por la lana, hasta la tienda virtual donde se venden los productos (que también se pueden encontrar en unas cuantas tiendas), pasando por la formación profesional de los artesanos y artesanas o por talleres educativos. Para garantizar que no se pierda el oficio de pastor también han llevado a cabo otras iniciativas, como la escuela de pastores, que en sus cuatro ediciones ya ha incorporado más de 40 personas al sector.
El objetivo de salvar la ganadería del Pirineo no es sólo cuestión de nostalgia. El ganado es un elemento vertebrador del paisaje y de la gente que vive en él, y uno de los mejores mecanismos para evitar la pérdida de habitantes de los pueblos de la alta montaña y la ruptura con una tradición que se mantiene sin cortes desde el neolítico. ¿Qué otras manifestaciones de nuestra cultura conoces que tengan miles de años?

Fuentes:
La mayoría de las fuentes de este artículo están en catalán porque los proyectos de los que hablamos son proyectos locales situados en el Pirineo catalán y sus webs todavía no han sido traducidas a ningún otro idioma.
  1. Comercio justo: http://es.wikipedia.org/wiki/Comercio_justo
  2. La oveja xisqueta (en catalán): http://xisqueta.bigcartel.com/caracteristiques-de-la-llana
  3. Web de la asociación Obrador Xisqueta: http://www.obradorxisqueta.cat/index.php/es
  4. Tienda virtual de productos hechos con lana de oveja xisqueta (en catalán): http://xisqueta.bigcartel.com/
  5. La escuela de pastores del proyecto Grípia (en catalán): http://www.projectegripia.cat/
    
     
     
     

domingo, 5 de febrero de 2012

Un mundo libre de coches


Hasta no hace mucho, cuando alguien andaba por la calle y oía la expresión "¡agua va!" sabía que debía echar a correr si no quería que lo rociaran con el agua sucia, los meados o alguna cosa peor que saliera volando por la ventana de algún vecino. En algunos pueblos y barrios españoles, este grito todavía podía oírse a finales de los años 50, y es que la universalización del alcantarillado es una cosa mucho más reciente de lo que nos pensamos. Naturalmente, si el proyectil no impactaba en un peatón y caía al suelo, no había nadie que se encargara de limpiarlo y se quedaba allí en medio, junto con los excrementos de caballos y perros, hasta que se secaba y alguien lo recogía para usarlo como abono o combustible o hasta que una lluvia fuerte se lo llevaba todo calle abajo. ¿Qué olores había en las calles, en otros tiempos? A menudo, las novelas históricas, cuando describen las ciudades antiguas, hablan del olor de las especias, de los productos de los mercados, de las flores de los balcones... desengañémonos, las ciudades antiguas apestaban a mierda, a meados, a aguas estancadas y excrementos de animales. De acuerdo, no es una visión demasiado romántica, pero es más próxima a la realidad que muchas de las imágenes que nos hayamos podido hacer.
Visto esto, podríamos pensar que hemos tenido la suerte de nacer en la época en la que hemos nacido y habernos ahorrado estos olores y aires viciados. Nada más falso. Y es que resulta que respiramos el aire más sucio que nunca se ha respirado desde que vivimos en ciudades, y gran parte de la culpa es de los ríos de coches que inundan nuestras calles. Hemos cambiado los ríos de lodo y mierda que ocupaban el centro de las calles por los ríos de humo, ruido y coches que ocupan las calles enteras, dejando pequeñas franjas en los márgenes para las personas. Hemos cedido nuestro espacio a los vehículos, y no somos del todo conscientes.
Bueno, sí que hay mucha gente que es consciente de ello. Desde hace unos años, algunas de estas personas se están uniendo en el denominado Carfree Movement, una red de personas y organizaciones que consideran que los coches dominan excesivamente las ciudades modernas y que es necesario reducir o eliminar su uso para devolver las calles y plazas a las personas. Editan una revista, dan charlas y conferencias, potencian el transporte público, la bicicleta y el hecho de ir a pie, ofrecen alternativas técnicas a los arquitectos y urbanistas que se dedican a pensar las ciudades y, en definitiva, se dedican a imaginar cómo sería el mundo si no estuviéramos invadidos por nuestros propios coches.
Puede parecer un poco exagerado, pero sólo hay que tener en cuenta un par de datos para darse cuenta que no. Como por ejemplo, que en algunas ciudades el 60% de la superficie está destinada a los coches; o que el transporte significa, en los países de la OCDE, el 60% del consumo de petróleo (un 68% en los EEUU); o que en 1954 había 70 millones de coches en el mundo, en 1994 había 630 millones y, si seguimos con este crecimiento, en 2025 habrá más de mil millones.
Quizás, en un futuro no muy lejano, los habitantes del planeta pondrán cara de asco cuando les expliquen que a principios del siglo XXI las calles estaban llenas de coches envueltos en humo y que, a veces, costaba respirar cuando andabas por la calle; y que los coches lo invadían todo, calles, plazas y aceras, y que las personas debían convivir con ellos sin poder hacer nada. Es probable, incluso, que pongan la misma cara de asco que ponemos nosotros cuando pensamos en el "¡agua va!" y que, como nosotros, no entiendan cómo se podía vivir en un mundo tan sucio sin hacer nada para arreglarlo.

Fuentes:

  1. Artículo de Felipe González en el que recuerda el "¡Agua va!" durante su adolescencia en un barrio de Sevilla: http://www.elpais.com/articulo/opinion/Agua/va/elpepiopi/20080422elpepiopi_4/Tes
  2. Contaminación atmosférica: http://es.wikipedia.org/wiki/Contaminaci%C3%B3n_atmosf%C3%A9rica
  3. Web de la red sin coches (World Carfree Network): http://www.worldcarfree.net/spanish.php
  4. Revista Carbusters.org, la revista del movimiento sin coches: http://carbusters.org/international/espanol/
  5. La OCDE: http://es.wikipedia.org/wiki/OCDE