lunes, 20 de febrero de 2012

Contaminación global y patitos de goma

Foto original: Kim Steele

¿Cuál es el país del mundo que contamina más? Una búsqueda rápida de este tema en cualquier buscador de Internet nos dará como resultado docenas de rankings hechos por organizaciones de fiabilidad variable, en los cuales los resultados siempre son distintos. Y es que esta pregunta tiene tantas variables que no es fácil de contestar. Si los resultados son por habitante, salen unos países, pero si se tiene en cuenta la contaminación total de cada país, sólo aparecen los países más grandes; si se calcula en emisiones de CO2 no sale lo mismo que si se calculan las emisiones de otros gases; si hablamos de residuos sólidos, la cosa vuelve a cambiar, del mismo modo que si lo que se calcula son los fertilizantes y pesticidas de la agricultura, o los productos químicos de la industria o los residuos nucleares de los (relativamente pocos) países que tienen centrales en funcionamiento.
¿Qué podemos concluir, de esto? Que incluso los rankings de contaminación más bien hechos, como el que hace el CARMA (Carbon Monitoring for Action) sobre los países que emiten más CO2 a la atmosfera, no tienen en cuenta una cosa evidente: que la contaminación es un fenómeno global que afecta a todo el planeta, y que no tiene mucho sentido buscar pequeñas soluciones locales para frenarla.
Una buena manera de entender como de global es la contaminación es la historia de los patitos de goma del profesor Curtis Ebbesmeyer. Este oceanógrafo está especializado en los movimientos de las corrientes marinas, y hace años que, con algunos compañeros, pone a punto un programa de ordenador que nos ayude a entender cómo funcionan estas corrientes. El problema es que las boyas que usan los oceanógrafos para estudiar la deriva de las masas de agua tienen un precio muy elevado (hasta 1.650€ cada una) porque llevan una serie de dispositivos de medición y rastreo por satélite para saber exactamente dónde están en cada momento, y eso hace que haya pocas y que los datos con los que trabajan los oceanógrafos sean insuficientes. Pero la cosa cambió en enero de 1992, cuando un barco portacontenedores proveniente de Hong Kong que se dirigía a los EEUU perdió unos contenedores en medio del Pacífico y toda la carga se fue al agua. En total, 29.000 juguetes de bañera se dispersaron, flotando, por el océano. Patitos amarillos, castores rojos, ranas verdes y tortugas azules como las que podéis ver en esta foto, sobre el brazo del simpático oceanógrafo. Unos meses más tarde, en noviembre de ese año, los primeros patitos llegaban, arrastrados por las corrientes del Pacífico Norte, a las costas de Alaska. La noticia apareció en algunos medios y al oceanógrafo se le encendió la lucecita: ya tenía una forma barata de recopilar datos sobre las corrientes marinas. Avisó al personal de costas y puertos de todo el mundo, dio algunas entrevistas a periódicos y se puso a esperar que alguien encontrara más patitos. Y no tuvo que esperar mucho. Durante años, los patitos han ido apareciendo en distintos puntos del planeta, y Ebbesmeyer ha ido recopilando los datos de su larguísimo viaje. Los patitos amarillos y los castores rojos han perdido el color y ahora son blancos, pero las ranas verdes y las tortugas azules siguen en buen estado. Cosas de las radiaciones solares.
Gracias a la colaboración de guardacostas, marinos, responsables de puertos o simples ciudadanos que pasean por la playa, se ha podido reconstruir el viaje. Se sabe que, en seguida del accidente, el grupo se dividió en dos. Una parte siguió la costa americana hacia el sur, rodeando las inmensas islas de plástico de las que hablábamos hace unas semanas, y en 1994 ya habían llegado a las costas de Australia e Indonesia. La otra mitad subió hacia el norte, se quedó atrapada en el hielo del océano ártico durante cinco años (de 1995 al 2000) y, después de una larga deriva, fue a parar al Atlántico Norte. En el año 2000 ya tocaban las costas atlánticas del norte de los EEUU (Maine y Massachusetts), y en el 2003 ya habían llegado a las islas Hébridas, en la costa oeste de Escocia. En el 2007, después de 15 años de viaje, los primeros patitos decoraron las playas británicas, y a finales de ese año ya se esperaba su llegada a las costas de Galicia. Hoy, a principios del 2012, hay pocos sitios en el mundo que no hayan visitado.
Naturalmente, los patitos no son los únicos objetos que han viajado arrastrados por la marea y han sido utilizados por los oceanógrafos para entender cómo funcionan las corrientes marinas. En 1997 cinco millones de piezas de Lego cayeron al océano y siguen, desde entonces, a la deriva. Lo mismo pasó en 1990 y en el 2002 con 80.000 y 33.000 pares de zapatillas Nike. Y eso son sólo algunos ejemplos: se calcula que, cada año, entre 2.000 y 10.000 contenedores caen al agua y pierden la carga. Y no sólo los objetos son arrastrados por la marea. Los productos químicos o el petróleo de los vertidos también recorren el mundo y se esparcen por todas partes. E incluso la contaminación de tierra firme, que se filtra a los ríos y acuíferos, muy a menudo termina en el mar: pesticidas, productos industriales, restos líquidos de los basureros...
La contaminación es un fenómeno global, y hay que tratarla globalmente. Si no, por más limpio que tengamos el jardín de casa sufriremos las consecuencias.

Fuentes:
Ranking de emisiones de CO2 por país hecho por Carbon Monitoring for Action (CARMA): http://carma.org/region
El oceanógrafo Curtis Ebbesmeyer: http://es.wikipedia.org/wiki/Curtis_Ebbesmeyer
Un ejemplo de cómo son estas sofisticadas boyas: http://www.ocean-net.info/instrumentacion/LinkQuest/ADP_Flowquest.htm
Una foto de los animalitos de plástico: http://oceanmotion.org/html/research/ebbesmeyer.htm
Post de Dando datos sobre las islas de plástico del Pacífico: http://www.dandodatos.com/2011/10/islas-de-plastico.html
La llegada a Gran Bretaña: http://www.dailymail.co.uk/news/article-464768/Thousands-rubber-ducks-land-British-shores-15-year-journey.html

   
   
   

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