domingo, 24 de junio de 2012

El salmón: nadando contracorriente


El pescado que comemos
El pescado se ha convertido, en las últimas décadas, en un alimento prácticamente universal. Puedes encontrar pescado casi en todas partes, independientemente que estés cerca del mar, de un lago o un río o a miles de quilómetros. No sólo cada día hay más gente que come pescado, sino que los que ya lo hacían consumen más cantidad cada día. Actualmente extraemos del mar 90 millones de toneladas de pescado cada año, 75 de las cuales son de peces salvajes y el resto de piscifactoría. Es un número demasiado grande como para ser entendido; para hacernos una idea, equivale al peso de todos los seres humanos de China.
Comer pescado es muy sano: su contenido en proteínas es muy alto, sus grasas son insaturadas y ayudan a lubricar y limpiar las venas, y los ácidos grasos conocidos como Omega-3 del pescado azul ayudan a regular los niveles de colesterol. También es una fuente importante de fósforo y vitaminas. Pero el pescado, como el resto de especies, no es infinito, y la sobrepesca y la destrucción de sus hábitats pueden llegar a exterminar muchas especies en los próximos años.
Para entender cómo funciona la industria pesquera y cuál es el impacto que nuestro consumo de pescado tiene sobre el medioambiente nos fijaremos en el caso del salmón, uno de los peces más conocidos del mundo.

El salmón
Hemos escogido el salmón porque es el pescado de escamas más consumido en Occidente y porque es el primer pez que se domesticó a gran escala.
Los humanos comemos salmón desde hace milenios porque es un pescado relativamente fácil de pescar, sobre todo durante la época en la que remontan los ríos para desovar, y porque su carne es muy buena. Pero la universalización de este pescado en los mercados y mesas de Occidente se produjo a finales de los años 60, cuando se empezó a criar en piscifactorías.
El salmón se ha convertido en el principal pescado de piscifactoría del mundo. De los 2 millones de toneladas anuales de salmón que extraemos del mar, tres cuartas partes son salmones de granja.
El salmón nace en las aguas rápidas y poco profundas de las cabeceras de los ríos. Los pocos alevines que sobreviven (aproximadamente un 1% de los huevos) bajan a los océanos, donde se alimentan básicamente de peces más pequeños (sardinas, anchoas, arengues, etc.) durante meses hasta que, en grupo, vuelven a remontar los mismos ríos donde nacieron y desovan antes de morir. La contaminación de los ríos y la construcción de presas y diques han expulsado a los salmones de la mayor parte de los ríos donde desovaban sus antepasados, y cada vez es más difícil encontrar poblaciones sanas y numerosas de estos peces. Se calcula que actualmente sólo quedan mil millones de salmones salvajes en todo el mundo, una cifra ridícula comparada con los que había hace sólo un siglo.
Cuando a finales de los años 60 se escogió el salmón para hacer experimentos de cría en cautividad no se escogió este pez al azar. Los huevos de salmón son, de lejos, los más grandes entre los peces de este tipo, y la tecnología de la que disponíamos entonces hacía muy difícil la cría de peces con huevos más pequeños. Gracias a eso, conocemos mucho mejor al salmón qua a cualquier otro pez, pero esto no significa que sea un pez idóneo para ser criado en granjas.

La cría del salmón
La cría del salmón empezó en Noruega, que todavía hoy es uno de los principales productores del mundo. Las aguas tranquilas y frías de sus fiordos son un lugar ideal para instalar las jaulas de red, y además allí mismo se puede encontrar mucho pescado pequeño para alimentar a los salmones. Pero las distintas especies de salmón son grandes devoradoras de pescado pequeño, y la cría era muy cara. Gracias a la selección artificial se llegó a criar una especie nueva, el salmo domesticus, que sólo necesita 3 kg de pescado para generar 1 kg de salmón, exactamente la mitad que el salmón salvaje. Además, es más gregario y sobrevive mejor enjaulado. El salmo domesticus se ha convertido, desde que fue creado en 1971, en la especie de salmón más criado en las piscifactorías de todo el mundo.
Todas las especies de salmón del mundo se concentran en las aguas frías del norte del hemisferio norte; en el hemisferio sur no hay salmones porque el ecuador hace de frontera térmica y, de forma natural, los salmones no pueden atravesarlo. Pero con el aumento de la demanda de salmón (muy apreciado y, una vez domesticado, muy barato) el salmón dejó atrás sus tierras y fue introducido en Chile, que actualmente es el segundo mayor productor de salmón de granja. El salmo domesticus se ha adaptado muy bien a las corrientes frías del sur del país y desde hace unos años las costas chilenas están llenas de piscifactorías.
 
 Argumentos a favor de la cría de salmón
Los defensores del salmón de granja tienen argumentos muy contundentes. Por un lado, es una industria que tiene un papel destacado como suministradora de proteínas a una parte importante de la población. La lucha contra el hambre pasa, según los defensores de este modelo de explotación de los recursos marinos, por criar cuanto más pescado mejor en piscifactorías alrededor del mundo. Además, las especies modificadas genéticamente consumen la mitad de pescado que las salvajes, lo cual según sus defensores es un ahorro para los ecosistemas. 

Argumentos en contra de la cría del salmón
Pero los que son contrarios a la cría del salmón también tienen argumentos de peso. Para empezar, los salmones salvajes comen más pescado que los de granja pero lo pescan ellos mismos, ahorrando a los fondos marinos todo el impacto que causan las redes de arrastre. Además, la cría del salmón ha hecho disminuir mucho el precio, lo cual comporta que el consumo de salmón haya aumentado exponencialmente y, por lo tanto, también su impacto ambiental.
En segundo lugar, los salmones domesticados hacen mucho daño a las poblaciones de salmones salvajes. Cuando un salmón domesticado se escapa (cosa que pasa millones de veces cada año) empieza a competir por la comida con los salmones salvajes, muchos de los cuales son desplazados y mueren sin poder criar. Pero estos salmones "cimarrones", una vez desplazados los salmones salvajes, son incapaces de criar. Los salmones de granja se han criado para comer mucho y crecer muy deprisa, pero han perdido el instinto para encontrar los ríos idóneos, remontarlos y desovar antes de morir. Y tampoco sobreviven a las grandes fluctuaciones térmicas, ni tienen la musculatura necesaria para nadar en corrientes fuertes. O sea, que impiden a los otros salmones tener descendencia y tampoco la tienen ellos, con lo cual el número de ejemplares disminuye drásticamente cada año.
En tercer lugar, con la aparición del pescado de granja cayeron drásticamente los precios, lo que comportó que las condiciones en las granjas empeoraran: menos espacio, más contaminación, menos oxigeno en el agua, más nitrógeno proveniente de los excrementos, etc. Con estas pésimas condiciones, parecidas a las de algunos animales de granja terrestres, aparecieron nuevas plagas y enfermedades que pasaron a las poblaciones salvajes, ya bastante castigadas por la contaminación de mares y ríos.
El cuarto argumento en contra de este tipo de industria es que en ella se acostumbra a priorizar peces grandes como el salmón, la lubina o el atún, que son básicamente carnívoros. Ya lo hemos dicho antes: como mínimo, un salmón comerá 3 kg de pescado para generar cada kg de salmón. Quizás saldría más a cuenta y tendría un impacto menor comernos directamente estos 3 kg de sardinas, arenques y anchoas, ¿no?
Por último, hay un argumento definitivo: el salmón de granja tiene un impacto mayor en nuestra salud. La mayoría de los contaminantes que hay en el mar, como el bifenilo policlorado (PCB), tan presente en nuestros océanos desde hace unas décadas, se acumulan en las grasas del pescado, y como el salmón doméstico tiene más del doble de grasa que el salvaje (un 15% el primero por sólo un 6% el segundo) tiene más contaminantes. Aparte, naturalmente, de los productos que los criadores puedan añadir al pienso de pescado para acelerar el crecimiento de los salmones o curarlos de las plagas y enfermedades. 

Muerte de los salmones salvajes
El salmón ha desaparecido de muchos ríos del hemisferio norte. En el Yukón, uno de los principales ríos salmoneros del mundo que comparten Alaska y el Canadá, casi no entró ningún salmón durante los años 2008 y 2009. Los indios yupik, que desde antes de la llegada de los colonizadores y vivían de la pesca del salmón, han empezado a sufrir hambre. El 2010 se declaró el río como zona catastrófica y no se sabe si algún día volverán los salmones. Y el Yukón no es el único río con estos problemas.
Para evitarlo, ya hace años que en muchos ríos del hemisferio norte se reintroducen salmones que se han criado en viveros. Actualmente, uno de cada tres salmones "salvajes" de Alaska ha crecido en un vivero. Y parece que, lejos de solucionar el problema, está creando algunos nuevos, porque estos salmones ayudan a exterminar a los que son realmente salvajes compitiendo por los pocos recursos que hay en estos ríos. Eso sí: si se dejara de reintroducir salmones en los ríos de los EEUU, la especie desaparecería del mapa en pocos años.

El futuro del salmón
El futuro del salmón salvaje, como el de otros muchos peces, está en peligro. Incluso el salmón de granja tiene un futuro incierto, porque depende de la pesca de grandes cantidades de pescado pequeño y las poblaciones de estos "alimentos para salmón" también están disminuyendo de forma alarmante. Hay que poner orden en este tipo de industria alimentaria antes de que sea demasiado tarde.
¿Cómo? Una de las primeras acciones que podrían llevarse a cabo es una moratoria en la pesca del salmón salvaje y de las especies que se pescan para alimentar el salmón de granja. En la historia de la pesca comercial se habla de la Segunda Guerra Mundial como de "el gran indulto", porque el hecho de que durante cinco o seis años se detuviera la pesca en alta mar (los barcos de pesca tenían miedo de encontrar submarinos) supuso la rápida recuperación de la mayoría de especies amenazadas. Existen precedentes: actualmente, buena parte de los grandes bancos de bacalao del Atlántico norte están a salvo de la pesca durante parte del año para evitar la extinción de la especie. Pero parece que la industria del salmón no está dispuesta a hacer lo mismo, y ni los estados ni los organismos internacionales contemplan esta posibilidad. Actualmente, sólo un 1% de los hábitats oceánicos están protegidos, y la ONU calcula que la actual flota pesquera mundial es dos veces mayor de lo que los mares pueden soportar.
Orri Vigfússon, un pescador islandés jubilado, ha encontrado una forma de llevar a cabo una moratoria de la pesca del salmón sin contar con los estados; al frente de su organización, se dedica a comprar los derechos de pesca del salmón en el Atlántico norte... y no usarlos. Así, evita que otros barcos capturen las cuotas de salmón que él ha comprado y permite a estos peces crecer y llegar a desovar. Puede parecer una solución utópica, pero los biólogos especialistas en salmones dicen que hacía años que, en el trozo de océano que va de las islas Feroe hasta Islandia, no se veían tantos salmones.
A nivel particular, nosotros como consumidores también podemos hacer presión para rebajar la pesca del salmón: basta con no comprarlo, o comprar menos. Y es que cada vez que vamos al mercado y abrimos el portamonedas estamos depositando un voto en el gran referendum sobre qué mundo queremos.
Por último, hay otra solución: mejorar las condiciones de las piscifactorías y hacer que disminuya su impacto ambiental. Algunas empresas ya practican lo que se llama acuicultura multitrófica integrada, que consiste en combinar especies que necesitan alimentación (como el salmón) con otras especies que reciclen buena parte de los excrementos de estos peces, como algas, mejillones y erizos de mar. Esto, aparte de reducir la contaminación de las piscifactorías y extraer otros productos sin aumentar el impacto, tiene beneficios para la salud: se ha descubierto que los mejillones absorben algunos de los virus de la anemia infecciosa del salmón y rompen el ciclo de la enfermedad, y los estudios de este tipo apenas están empezando a aparecer.

Fuentes:
    1. La principal fuente de información de este artículo es el libro de Paul Greenberg Cuatro peces. El futuro de los últimos alimentos salvajes: http://www.sellorba.com/cuatro-peces_el-futuro-de-los-ultimos-alimentos-salvajes_paul-greenberg_libro-ONFI458-es.html
    2. Los ácidos grasos Omega-3: http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81cido_graso_omega_3
    3. Los grasos insaturados: http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81cido_graso_insaturado
    4. El salmón: http://es.wikipedia.org/wiki/Salm%C3%B3n
    5. Los bifenilos policlorados (PCB), uno de los grandes contaminantes industriales de nuestros océanos: http://es.wikipedia.org/wiki/Bifenilos_policlorados
    6. Orri Vigfússon, el pescador islandés que lucha para salvar el salmón: http://www.goldmanprize.org/2007/islands
    7. la acuicultura multitrófica integrada: http://es.wikipedia.org/wiki/Acuicultura_multitr%C3%B3fica_integrada

   
   
   
   

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